DiverXO: fin de un ciclo, principio de una nueva ERA

DiverXO: fin de un ciclo, principio de una nueva ERA

Escribía hace no más de seis meses acerca de mi primera experiencia en uno de los restaurantes que más sonaban en el momento (y suenan ahora) en España y en el mundo. Lo cierto es que me cuesta encontrar las palabras correctas para expresar las sensaciones de una vivencia como la que ayer tuve la fortuna de repetir. ¡Fíjense! Yo quedándome sin palabras, si en mi casa me dicen que no me callo ni debajo del agua. Ya saben que  soy una simple contadora de historias o, por lo menos, un intento de ello, así que cuando les traigo algún Re-Comiendo a estas páginas es únicamente porque el lugar ha suscitado en mí algún interés y/o algún tipo de aprendizaje.

DiverXO: fin de un ciclo, principio de una nueva ERA

DiverXO va mucho más allá. La casa de Dabiz Muñoz, sí, el de la cresta, rompe todas las reglas habidas y por haber y crea unas propias, o quizá más bien se mueve en una anarquía ordenada en la que todo es factible. Es ahí, quizás, donde reside el genio.  Pensaba yo sobre todos los logros atribuidos a Ferran Adrià, sin duda alguna totalmente merecidos, pero caigo en la cuenta de que muchos de ellos son simplemente tecnicismos que se aplican a distintos platos más o menos reconocidos o reconocibles. No me interpreten mal, que la crítica es fácil cuando parece que estoy menospreciando la labor del catalán y sobretodo porque mi visita a El Bulli fue cuando tenía seis años, pero nada más distinto de la realidad: él cambió la forma de hacer las cosas, fue el único que se alejó del camino establecido para crear uno nuevo, uno en el que nada tenía por qué ser como se suponía que debía ser. Y, de pronto, aquel chaval que junto con su mujer, Ángela, había abierto un diminuto restaurante en el que incluso dormían porque ese era uno de los precios que pagar por su sueño, vuelve a romper todos los parámetros que hasta el momento conocíamos. ¿Cuál es la diferencia? Que su cocina es única, imposible de copiar, con una cabeza privilegiada y un registro tan amplio que genera combinaciones jamás imaginadas. Ingredientes traídos de todas partes del mundo, sapidez elevada a la enésima potencia, juegos con ácidos, picantes, amargos, platos que evolucionan sin parar, lienzos que se pintan poco a poco, conceptos que rompen cualquier barrera en una comida que resulta, además, de lo más divertida gracias a un servicio que se sale también de lo estandarizado en esos restaurantes estrellados en los que parece que al personal y a los comensales se les ha incrustado un palo por algún agujero y están más tiesos que la mojama.

En cuanto a lo que comimos, doce….. si quieres LEER TODO, PINCHA AQUÍ.

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