Punto MX: mexicanizando España. Miss Migas

Punto MX: mexicanizando España.

Después de haber visitado México un par de veces, he de reconocer que soy bastante devota de su gastronomía, sobretodo teniendo en cuenta el sinfín de salsas, aliños e ingredientes con los que trabajan. Allí he comido desde la más sensacional sopa de chicharrones hasta chapulines, escamoles y toda suerte de bichejos curiosos, algunos más apetitosos que otros. Me pasa, entonces, que al llegar a España y tratar de encontrar algo parecido a lo que hacen al otro lado del océano me doy de bruces con la pared viendo los repetitivos burritos, tacos sin sabor, quesadillas grasientas y guacamoles de medio pelo que se ven en la mayoría de restaurantes que presumen de ser auténticos.

No aborrezco la comida tex-mex por lo que es sino porque pretende ser algo que nunca será. Pero en Madrid hemos tenido la suerte de que hace un par de años aterrizara un soplo de aire mexicano fresco, decidido a desbancar al mítico Entre Suspiro y Suspiro y elevar a los tacos a la enésima potencia. Punto MX es uno de esos lugares que se llenó casi nada más empezar y en el que, desde entonces, reservar una mesa debe hacerse con unas cuantas semanas de antelación, sobretodo si se quiere asistir en fin de semana. El local está dividido en dos plantas estando la de arriba destinada a lo que ellos llaman el MezcalLAB, de ambiente distendido, algunas mesas altas y otras bajas con sillones, ideal para empezar con una buena margarita, la estilo Punto MX con jalapeño está muy buena, e incluso picar algo si el comedor de abajo está abarrotado. El subterráneo, en  tonos blancos, es ligeramente angosto y con poca luz pero sus mesas son amplias, clásicas de mantel blanco y servilleta bien planchados.

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En cuanto a la cocina, Roberto y su equipo comienzan su propuesta en la tradición más puramente mexicana adaptándola a los productos y elaboraciones patrias. Sobre la mesa, una hoja que explica los nombres más comunes que se utilizan en la carta, y que en España desconocemos, y rápidamente un buen trabajo del sumiller, con buenas referencias y una larguísima lista de mezcales y tequilas, ciertamente impresionante, inaugura la cristalería. Trato amabilísimo  y platos con buen equilibrio entre el picante y el ácido, quizás los sabores más característicos del país, que se aúnan en el singular concepto de ver, al fondo de la sala, a una mujer haciendo las tortillas de maíz una a una siguiendo una técnica conocida como nixtamalización; eso sólo puede augurar un buena velada.

A falta de menú degustación, que parece ser que han eliminado porque antiguamente sí que existía, nos encomendamos al buen criterio de la cocina y esperamos a que saquen los platos que ellos consideren. El aperitivo lo sirven en unos sopecitos con frijoles y queso, que bien abren boca, pero rápidamente se pasa a una de sus estrellas, el guacamole preparado en la mesa, en su molcajete, y que se ajusta al gusto del comensal con los ingredientes típicos al que se le suma un aceite de cacahuete inspiración del chef; sin duda tremendamente recomendable aunque bien pagado, 7€ por persona.

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Sensacional fueron los tacos de atún rojo de Almadraba (22€ ) que sirven con otros totopos fritos, esta vez circulares, y una emulsión de chile serrano. Totalmente exquisitos y muy recomendables.

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Buenos y jugosos los panuchos de cochinita pibil, un clásico de la casa, en su punto justo de picante y con su cebolla morada encurtida de corona, quizás menos remarcables que lo demás al ser la cochinita un plato que se puede encontrar frecuentemente por ahí, aunque no tan bien ejecutado. (16€)

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La enchilada de carnitas de pato con pipián verde, terminada con un poco de lechuga iceberg, se presenta fuerte en boca y con una salsa ácida que llega a eclipsar el relleno del ave, fue el que menos nos convenció de la velada. (18€)

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Los Tacos de Wagyu. Aguacate, cebolla asada y salsa de miltomate (28€) fueron una explosión de sabores equilibrados en la boca, textura melosa y adicción absoluta. 

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Y, para terminar, el clásico tuétano que hacen a la brasa (19€) y para el que te traen unas tortillitas y una salsa para que te montes tú tus propios tacos junto con una ensalada quizás demasiado tosca que puede tender a enmascarar el resto de sabores y texturas pero que le da buen punto si se utiliza comedidamente. Ideal para los paladares más guarrillos y ávidos de esta grasita suprema tan deliciosa. Pero, advierto, antes de llegar a la mesa el hueso se acerca un carrito lleno de alcoholes con los que el sumiller recomienda maridar el tuétano; y no son para nada una invitación, téngalo claro, aunque si no conocen el mezcal recomiendo compartir aunque sea un bebedizo, porque su fuerza realmente hace que vaya a ser más que suficiente.

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De postre una demasiado contundente interpretación del café de olla: chocolate y café, fórmula que funciona, pero que deja a los estómagos noqueados, por esto recomiendo ir mejor a medio día.

En cuanto al precio, no es un lugar para nada barato, más si se tiene en cuenta que las raciones son bastante pequeñas, pero una visita debería ser indispensable para ver el buen trabajo que están haciendo con una gastronomía que cada vez se perfila más como la que tirará del carro y estará en el punto álgido los próximos años.

 

 

 

 

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