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Jabalí estofado, remolacha y cebollitas encurtidas.

Hay estaciones que enamoran y, en mi caso, el Otoño y la Primavera se llevan la palma. La segunda porque la sangre altera y nos trae hasta nuestros platos desde el más fino boquerón hasta los suaves perretxicos y las boyantes cerezas; y el primero por ser tan canalla de recuperar la cuchara por bandera y abogar por el guiso, la caza y los olores a lumbre y a casa. ¡Atentos! Porque llegan los frutos secos, las calabazas, el asado, las especias y las necesidades crecientes de abrazos debajo de la manta del sofá con la chimenea bien encendida y la peli del sábado por la tarde haciendo ruido de fondo.

Y para empezar con buen pie la temporada, a mi costilla se le ocurrió que sería una buena idea guisar la jabalina que llegó al restaurante el otro día. De carne tersa por la fuerza del campo y un intenso sabor a bravío, el jabalí es un animal que agradecerá ser adobado con antelación para ablandar sus carnes y hacerlas más fácil de comer aunque también cuenta con zonas como el solomillo que podrán cocinarse directamente a la plancha, una vez el animal ha madurado una vez perdida la vida, y serán todo un manjar. Como en nuestro caso el jabalí estofado será la opción a seguir, escogeremos las partes adecuadas para ello, las trocearemos y las dejaremos entre 24 y 48 horas con un macerado de cebolla, ajo, manzana, remolacha, hierbas al gusto, sal y vino tinto, con lo que conseguiremos una carne más blanda y agradable. Luego sólo quedará guisarla y, una vez su aroma llegue a la pituitaria y el bicho sea catado, lo sencillo será encontrarle una guarnición que redondee el festín.

¿Habéis probado alguna vez este primo del cerdo? ¿Soléis cocinar caza? 

Si quieres ver la receta, PULSA AQUI.

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