Comer en Barcelona - Suculent

Comer en Barcelona (bueno y rico)

Comer en Barcelona (bueno y rico, obvio) es relativamente fácil ya que es una ciudad llena de gastronomía, igual que Madrid pero con sus toques diferentes. En diciembre tuve la suerte de pasar allí una semana ya que aproveché una reserva que tenía en El Celler de Can Roca para probar unos cuantos sitios más por la zona. Los he resumido en dos artículos publicados en El Diario Montañés y aquí os dejo todas las pautas para que no os perdáis ni uno solo, todos ellos merecen mucho la pena.

Comer en Barcelona (parte I)

“No he tenido ocasión desde mi visita a la Ciudad Condal en diciembre, de hacer un breve resumen sobre los cinco intensos días que trascurrí por las calles catalanas disfrutando de su gastronomía. Ya les hablé del motivo por el que peregriné hasta allí (una reserva que atesoraba desde hacía once meses en el galardonado como “el mejor restaurante del mundo” – El Celler de Can Roca) pero no quiero dejar pasar más tiempo sin pronunciarme sobre los otros lugares que pude conocer y, sobretodo, disfrutar.

Comer en Barcelona - Suculent

Para Comer en Barcelona, mención especial se merece Suculent, esa pequeña “taberna” del Raval en la que Toni Romero lleva ya tiempo brillando con luz propia. En mi segunda visita, apostada en la barra de su diminuto local, tendrán apenas 8 mesas más un reservado al fondo, pude disfrutar de una cocina redonda, de combinaciones interesantes, técnica ejemplar y, sobretodo, auténticamente placentera. Manejan una carta bastante extensa además de dos menús degustación que aconsejo con los ojos cerrados para dejarse llevar por la experiencia y el buen hacer de Toni; yo pude catar platos que guardo en el recuerdo como el tartar de bogavante sobre piel de pollo al que le sigue la sopa thai de corales de bogavante, los guisantes con papada y butifarra negra, el steak tartar sobre tuétano asado (¡mon dieu!) o la cresta de gallo con hoisin. Como les digo, visita obligatoria, sí o sí.

Comer en Barcelona (I)

Pero si están por allí también les recomendaría probar la Bodega 1900, el formato más informal donde los Adriá le dan vida a una tapa fresca y puesta al día con platos ya clásicos como su bocadillo de calamares, la caballa ahumada o los puerros con vinagreta de ceniza. El lugar no es cómodo, las mesas diminutas y el precio no resulta barato pero la experiencia de vivir el concepto lo merecen; para la próxima me quedó pendiente conocer a su hermano mayor, Tickets, pero las reservas aquí cotizan al alza.

Siguiendo en la misma línea, uno de los más sonados últimamente es el Mont Bar, el restaurante cuya cocinera ha logrado alzarse con la segunda posición en el concurso de cocinero revelación 2016 celebrado en Madrid Fusión y cuyo tartar de atún sobre berenjena ahumada bien merece la visita. Es curioso que los tres locales de los que les estoy hablando responden a una estética similar: pequeños, informales, con barra y muy orientados al tapeo aunque escondan preparaciones elaboradas y gran calidad en su producto.

Comer en Barcelona - Mont Bar

Aunque no es todo alta cocina en Barcelona y por ello les soplaré dos de mis rincones favoritos cuando lo asiático apetece: el primero es Ramen Ya Hiro, donde he podido degustar la mejor sopa japonesa jamás probada igual que su chashu don, un arroz con panceta de cerdo en salsa que está para quitar el sentido; eso sí, las colas para acceder son eternas así que les recomiendo que lleguen pronto. Y si es chino lo que desean probar sin dejarse los cuartos, no hay más auténtico que el que se encuentra haciendo esquina entre las calles Alibei y Roger de Flor, mesas grandes, todos los platos al centro y mucho disfrute del guarrete cuando sus empanadillas a la plancha o sus berenjenas con carne arriban a la mesa. Que lo disfruten.”

Comer en Barcelona (Parte II)

Comer en Barcelona

“Empezaba la semana pasada una suerte de “listado” de mis últimas visitas gastronómicas por Barcelona y aunque todos los que mencionaba entonces son lugares más que imprescindibles me quedaban otros tantos cuya peregrinación es altamente recomendable por uno u otro motivo si se quiere Comer en Barcelona.

Observo tanto en Madrid como en la Ciudad Condal un florecimiento masivo de nuevos espacios culinarios, se nota que hay nueva salvia y energía brotando o que ya estamos menos asustados de esa palabra que nos tuvo recogidos en la guarida durante años, la crisis. En realidad no tengo nada claro que la hayamos superado, en absoluto, pero lo que vivimos quizás es fruto de haber asumido un estado desde el cual ya sólo se puede ir a mejor.

Cavilaciones aparte, lo que está claro es que el 2016 ha llegado cargado de nuevos propósitos y firmes tendencias y donde antes primaba la fusión, las nuevas técnicas y los platos minúsculos con un sinfín de ingredientes ahora es vencedora una vuelta a la tradición y a los sabores del recuerdo de toda la vida.

Buen ejemplo de ello es sin duda Granja Elena, un diminuto bar/cafetería casi a las afueras de Barcelona cuyos protagonistas son sus esmorzars de forquilla, unos desayunos contundentes donde se podrán degustar sus deliciosos callos, la melosísima cap i pota, los canelones de rabo de toro o preparaciones más novedosas como el tartar de tomate con sashimi de vieira. Además cuentan con una amplia selección de bocadillos y abren a medio día con una carta en la que la cocina catalana tradicional se mezcla con recetas innovadoras pero sin “mamonadas” como bien proclama su cocinero, Borja Sierra, en las redes sociales. El local se abarrota así que no duden en reservar, ir bien pronto o asumir una espera más que merecida.

Para comer en Barcelona de corte clásico es también recomendable la nueva brasserie que Jordi Vilà (Alkimia) ha abierto en los bajos de la Fábrica Moritz bajo el nombre de Louis 1856 y donde pretende recuperar una serie de recetas casi olvidadas durante los últimos años. El servicio en la sala cobra protagonismo cuando los platos llegan a la mesa, donde el comensal puede observar tanto cómo se finalizan ciertas preparaciones como la forma de emplatar para repartir a los comensales. Sus sabores son puros y gusta recobrar las galantinas (la de pollo con salsa de setas) o los guisos que llegan en abundantes raciones como el cabrito, perfectamente cocinado y agradablemente acompañado por unos raviolis de queso; no se pierdan el nabo relleno con tuétano y una salsa para no dejar de mojar pan. El postre estrella, sin duda, es la omelette surprise que se flambea directamente en la mesa convirtiéndolo en todo un espectáculo.

Comer en Barcelona

Y si quieren algo de corte más informal, casi para hacer un take away no estaría mal hacer una visita a los chicos de The Fish & Chips Shop que han recuperado la tradición inglesa perfectamente elaborada en un diminuto lugar de Rocafort. Su pescado es fresquísimo y jugoso, con un rebozado perfecto y nada grasiento y salsas típicas para esta preparación. Además tienen algún que otro piqueo mientras se espera al tan ansiado cucurucho de fritos del mar.”

 

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