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Casa Elena, la búsqueda de la renovación.

La ventaja de vivir en Madrid es que además de todo lo que han dentro de las fronteras de la capital, a muy pocos kilómetros en coche hay un millar de lugares que bien merecen la pena ser conocidos. Puede que no para todos los días o tampoco para todas las personas pero cuando a uno le apetece evadirse del caos capitalino y respirar algo diferente en poco más de 35 minutos puede escabullirse perfectamente. En esta ocasión he decidido optar por la A-42 y recorrer unos 40km hasta Cabañas de la Sagra donde se encuentra Casa Elena. 

Casa Elena - Entrada

Esta tiene como alma un comedor alojado dentro de un acogedoramente reformado caserón de pueblo en el que su gerente, César Martín, lucha por continuar lo que su familia comenzó incorporando una constante evolución y puesta al día. Lo cierto es que admiro con pasión estos lugares que – si me lo permiten – perdidos en medio de la nada, luchan con tanta pasión para hacerse un hueco en un panorama gastronómico nacional  cuya competitividad es máxima.

“En Casa Elena, además de su famoso cocido, siguen la filosofía del slow food llevada a platos actuales con combinaciones que buscan arriesgar.”

Aquí siempre han sido famosos por el cocido que implantó la madre de César y que en la actualidad se mantiene todos los días dentro del “menú del día” pero en los últimos años están buscando adaptarse a las nuevas tendencias con platos sugerentes, combinaciones arriesgadas y un menú degustación que, a 40€, es muy atractivo.

Croqueta y Buñuelo - Casa Elena

Todo comienza con cuatro aperitivos que apelan a la memoria histórica del entorno  como la emulsión de gachas con anguila ahumada y manzana verde, el caldo de cocido con hierbabuena, la deliciosa croqueta de anchoa y queso y el bollito de judía blanca y lentejas para luego dar paso a un muy buen plato de verduras de la huerta, en su punto y con sabor, y un sugerente plato de pulpo con patata revolcona y ajo negro.

Ellos llaman entrantes a los que podrían haber sido perfectamente principales y que no pasaría nada si se redujesen a un sólo plato debido a su contundencia. Sea como sea, cada vez me gusta más encontrar platos “de cuchara” como estos dentro de cualquier menú degustación.

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