maido lapas

Maido, la cuna de la cocina nikkei.

Muchas eran las fotos y los comentarios que cruzaban el Atlántico gracias a las redes sociales encumbrando la experiencia que el comensal vive cuando visita Maido y es a bien confirmar que durante mi semana en Lima tuve una gran comida en la barra de esta referencia de cocina nikkei que lleva detrás el nombre de Mitsuharu Tsumura. Sin duda alguna, la experiencia Maido se ha convertido para mi en la enciclopedia de lo que canónicamente tiene que ser conocida como esa fusión japo-peruana que tanto se ha extendido gracias a la globalización.

equipo - maido

“En Maido hubo muchas cosas que me gustaron, más bien me gustaron todas, pero muchas sobresalieron”

“Micha” maneja ingredientes de primerísima calidad ostentando un menú  nikkei-amazónico además de una extensa carta en la que se pueden encontrar desde nigiris hasta okonomiyakis o anticuchos y su cocina permanece sutil, con giros de sabor bien pensados, cocciones impecables cuando tiene que haberlas y un gran cuidado de cada detalle. Dejarse caer por su barra y abandonarse al placer de que te den de comer puede ser una de las mejores opciones para cuando uno se encuentra en Perú sin duda alguna. Allí, César Choy – el segundo de abordo de Tsumura – y todo el equipo se encargarán de comenzar el ágape con un buen cóctel para que luego la consecución de bocados no resulte en ningún momento monótona e incentive el interés del que la está catando.

usuzukuri maido

“Maido” en japonés significa “bienvenido” y es lo primero que se escucha nada más entrar a su sala, como si ya te estuviesen alertando de que algo bueno va a comenzar. Hubo muchas cosas que me gustaron – o mejor, todo me gustó, pero hubo muchas cosas que sobresalieron – y siendo una de mis primeras comidas en Lima se puso claramente el listón muy pero que muy alto.

Chorizo - Maido

Ya desde el aperitivo, con su ensalada de atún, quinoa y salsa de cilantro, comienzan a entreverse todos los contrapuntos con los que se jugará a lo largo del menú. La tosta de chorizo artesano, galleta de arroz, emulsión de tomate y ponzu acompaña a la sobresaliente  piel de pollo con salsa pachikay de jengibre y sésamo – para comérsela a cucharadas – igual que el usuzukuri de chita con tomate, ponzu de rocoto, cebollino y chips de ajo frito donde el punto picante del ponzu resalta un este gran pescado perfectamente laminado.

nigiri maido

Me fascinó el ceviche de lapas con polvo helado de aji amarillo, maíz y aguacate por la frescura que desprende y el ligero ácido/picante muy bien trabajado que despierta las papilas preparándolas para el resto de los platos que llegarán después, para no dejar de comérselo a cucharadas.

Correcto el arroz de los nigiris, en su punto y lo justamente amalgamado que pude ver en el trío marino que caté: ventresca de salmón con emulsión de ají, lenguado con alga nori y wasabi-tobiko y atún con yema inyectada en ponzu y quinoa crujiente; pero también en el trio carnívoro, una serie de sushi que no suele gustarme normalmente pero donde el nigiri de foie con salsa de anguila he de reconocer que me encandiló.  Bien el de….

 

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Comer en Barcelona - Suculent

Comer en Barcelona (bueno y rico)

Comer en Barcelona (bueno y rico, obvio) es relativamente fácil ya que es una ciudad llena de gastronomía, igual que Madrid pero con sus toques diferentes. En diciembre tuve la suerte de pasar allí una semana ya que aproveché una reserva que tenía en El Celler de Can Roca para probar unos cuantos sitios más por la zona. Los he resumido en dos artículos publicados en El Diario Montañés y aquí os dejo todas las pautas para que no os perdáis ni uno solo, todos ellos merecen mucho la pena.

Comer en Barcelona (parte I)

“No he tenido ocasión desde mi visita a la Ciudad Condal en diciembre, de hacer un breve resumen sobre los cinco intensos días que trascurrí por las calles catalanas disfrutando de su gastronomía. Ya les hablé del motivo por el que peregriné hasta allí (una reserva que atesoraba desde hacía once meses en el galardonado como “el mejor restaurante del mundo” – El Celler de Can Roca) pero no quiero dejar pasar más tiempo sin pronunciarme sobre los otros lugares que pude conocer y, sobretodo, disfrutar.

Comer en Barcelona - Suculent

Para Comer en Barcelona, mención especial se merece Suculent, esa pequeña “taberna” del Raval en la que Toni Romero lleva ya tiempo brillando con luz propia. En mi segunda visita, apostada en la barra de su diminuto local, tendrán apenas 8 mesas más un reservado al fondo, pude disfrutar de una cocina redonda, de combinaciones interesantes, técnica ejemplar y, sobretodo, auténticamente placentera. Manejan una carta bastante extensa además de dos menús degustación que aconsejo con los ojos cerrados para dejarse llevar por la experiencia y el buen hacer de Toni; yo pude catar platos que guardo en el recuerdo como el tartar de bogavante sobre piel de pollo al que le sigue la sopa thai de corales de bogavante, los guisantes con papada y butifarra negra, el steak tartar sobre tuétano asado (¡mon dieu!) o la cresta de gallo con hoisin. Como les digo, visita obligatoria, sí o sí.

Comer en Barcelona (I)

Pero si están por allí también les recomendaría probar la Bodega 1900, el formato más informal donde los Adriá le dan vida a una tapa fresca y puesta al día con platos ya clásicos como su bocadillo de calamares, la caballa ahumada o los puerros con vinagreta de ceniza. El lugar no es cómodo, las mesas diminutas y el precio no resulta barato pero la experiencia de vivir el concepto lo merecen; para la próxima me quedó pendiente conocer a su hermano mayor, Tickets, pero las reservas aquí cotizan al alza.

Siguiendo en la misma línea, uno de los más sonados últimamente es el Mont Bar, el restaurante cuya cocinera ha logrado alzarse con la segunda posición en el concurso de cocinero revelación 2016 celebrado en Madrid Fusión y cuyo tartar de atún sobre berenjena ahumada bien merece la visita. Es curioso que los tres locales de los que les estoy hablando responden a una estética similar: pequeños, informales, con barra y muy orientados al tapeo aunque escondan preparaciones elaboradas y gran calidad en su producto.

Comer en Barcelona - Mont Bar

Aunque no es todo alta cocina en Barcelona y por ello les soplaré dos de mis rincones favoritos cuando lo asiático apetece: el primero es Ramen Ya Hiro, donde he podido degustar la mejor sopa japonesa jamás probada igual que su chashu don, un arroz con panceta de cerdo en salsa que está para quitar el sentido; eso sí, las colas para acceder son eternas así que les recomiendo que lleguen pronto. Y si es chino lo que desean probar sin dejarse los cuartos, no hay más auténtico que el que se encuentra haciendo esquina entre las calles Alibei y Roger de Flor, mesas grandes, todos los platos al centro y mucho disfrute del guarrete cuando sus empanadillas a la plancha o sus berenjenas con carne arriban a la mesa. Que lo disfruten.”

Comer en Barcelona (Parte II)

Comer en Barcelona

“Empezaba la semana pasada una suerte de “listado” de mis últimas visitas gastronómicas por Barcelona y aunque todos los que mencionaba entonces son lugares más que imprescindibles me quedaban otros tantos cuya peregrinación es altamente recomendable por uno u otro motivo si se quiere Comer en Barcelona.

Observo tanto en Madrid como en la Ciudad Condal un florecimiento masivo de nuevos espacios culinarios, se nota que hay nueva salvia y energía brotando o que ya estamos menos asustados de esa palabra que nos tuvo recogidos en la guarida durante años, la crisis. En realidad no tengo nada claro que la hayamos superado, en absoluto, pero lo que vivimos quizás es fruto de haber asumido un estado desde el cual ya sólo se puede ir a mejor.

Cavilaciones aparte, lo que está claro es que el 2016 ha llegado cargado de nuevos propósitos y firmes tendencias y donde antes primaba la fusión, las nuevas técnicas y los platos minúsculos con un sinfín de ingredientes ahora es vencedora una vuelta a la tradición y a los sabores del recuerdo de toda la vida.

Buen ejemplo de ello es sin duda Granja Elena, un diminuto bar/cafetería casi a las afueras de Barcelona cuyos protagonistas son sus esmorzars de forquilla, unos desayunos contundentes donde se podrán degustar sus deliciosos callos, la melosísima cap i pota, los canelones de rabo de toro o preparaciones más novedosas como el tartar de tomate con sashimi de vieira. Además cuentan con una amplia selección de bocadillos y abren a medio día con una carta en la que la cocina catalana tradicional se mezcla con recetas innovadoras pero sin “mamonadas” como bien proclama su cocinero, Borja Sierra, en las redes sociales. El local se abarrota así que no duden en reservar, ir bien pronto o asumir una espera más que merecida.

Para comer en Barcelona de corte clásico es también recomendable la nueva brasserie que Jordi Vilà (Alkimia) ha abierto en los bajos de la Fábrica Moritz bajo el nombre de Louis 1856 y donde pretende recuperar una serie de recetas casi olvidadas durante los últimos años. El servicio en la sala cobra protagonismo cuando los platos llegan a la mesa, donde el comensal puede observar tanto cómo se finalizan ciertas preparaciones como la forma de emplatar para repartir a los comensales. Sus sabores son puros y gusta recobrar las galantinas (la de pollo con salsa de setas) o los guisos que llegan en abundantes raciones como el cabrito, perfectamente cocinado y agradablemente acompañado por unos raviolis de queso; no se pierdan el nabo relleno con tuétano y una salsa para no dejar de mojar pan. El postre estrella, sin duda, es la omelette surprise que se flambea directamente en la mesa convirtiéndolo en todo un espectáculo.

Comer en Barcelona

Y si quieren algo de corte más informal, casi para hacer un take away no estaría mal hacer una visita a los chicos de The Fish & Chips Shop que han recuperado la tradición inglesa perfectamente elaborada en un diminuto lugar de Rocafort. Su pescado es fresquísimo y jugoso, con un rebozado perfecto y nada grasiento y salsas típicas para esta preparación. Además tienen algún que otro piqueo mientras se espera al tan ansiado cucurucho de fritos del mar.”

 

Ondarreta La Moraleja

Ondarreta La Moraleja

Ubicado en un centro comercial prácticamente abandonado en medio de La Moraleja, este nuevo y modernizado Ondarreta cuenta con un local fantásticamente decorado y una amplísima terraza acondicionada para disfrutar todos los días en un ambiente de lo más agradable. Su carta es puramente tradicional con espectáculo en la sala (prefiero que me preparen el steak tartare o los crepes suzette a la vista que ver una chica cantando de mesa en mesa como en cierto restaurante puntero de la capital, debo ser una siesa) incluido a unos precios comedidos para salir por unos 30-35€ con una oferta que se aleja de las modas que imperan gracias a las cuales nos encontramos ceviches y tatakis en todos los restaurantes de moda o hasta en los sitios más recónditos. Recuperar así locales de corte clásico se hace agradable, donde los sabores son fácilmente reconocibles y, como en Ondarreta, disfrutar de una cocina sin excentricidades.

Steak Tartar Ondarreta

El aperitivo comienza con las clásicas chistorritas nada fuertes y después un picoteo general las dos veces que he comido allí.
Fantástico el Steak Tartar, recién hecho y con su punto picante ajustado al igual que el Entrecote, en el punto deseado, con gran sabor y buenas patatas fritas de acompañamiento.

Alcachofas Ondarreta

Los chipirones salteados con cebollita destacan dentro de su sencillez (por un día voy a hacer dieta de kimchi,hoisin,shichimi togarashi, parece que sí hay luz al final del túnel de la asiatización generalizada en la que vivimos) igual que las deliciosas alcachofas en flor y están bien tanto el tartar de atún, que en mi opinión mejoraría con menos aceite de sésamo ya que la calidad del pez es muy buena, como los jugosos fritos de merluza, nada grasientos, bañados en una salsa de tinta.

Entrecote Ondarreta

Los callos en cambio necesitan un poco más de contundencia, melosidad y de los postres destaca la tarta fina de manzana y el coulant de chocolate y naranja hechos en casa.
El servicio es muy atento y funciona a las mil maravillas así que como resumen me parece un sitio clásico en el que comer bien, buena calidad, a precios de lo más razonables en un ambiente acogedor. Hablan maravillas de sus guisos de cuchara así que volveré para probarlos.

Tarta fina de manzana

Ondarreta La Moraleja

(www.ondarreta.es)

Calle de la Begonia, 135, 28109, Madrid

Tf. 911 28 02 03

 

Mont Bar

Mont Bar, mucho más que un bar en Barcelona.

Recuperamos el bar de tapas de toda la vida pero con una vuelta de tuerca en esta visita al Mont Bar de Barcelona, una coqueta esquina a un paso de Universitat que se caracteriza por su informalidad ligeramente elegante, sus llenos absolutos y su cocina cuidada y muy mimada. Dentro hay estanterías de colmado detrás de la barra y otras que sirven como almacén de vinos y es que el espacio es bien reducido y cuenta con unas pocas mesas bajas de lo más pequeñitas, una mesa corrida más grande y algún que otro taburete en la barra a los que se suman las pocas mesitas que hay en su agradable y acondicionada terraza. Queda claro que aquí el refinamiento está en la comida pero no por ello se descuida un servicio atento y cercano, amable, que recomienda bien y acompaña el condumio en condiciones.

Sandwich de pies de cerdo y camarones

En los fogones oficia Anna Merino – mujer de Iván Castro, artífice de este pseudo bar – que ha sido segunda clasificada en el premio Cocinero Revelación 2016 de Madrid Fusión y uno de los aspectos más destacables de este pequeño gastrobar es sin duda su gran lista de referencias vinícolas donde figuran hasta 250 nombres, todo un lujo. La carta está compuesta por platos de corte actual pero traídos a la mesa con gusto y especial cuidado, siempre buscando bonitos emplatados en una variada vajilla: croquetas, nigiris, ceviche, tartares…que se mezclan con algunos platos con más fondo donde sobresale el gran producto que se maneja en esta casa.

burrata mont bar

Este Mont Bar es, sin duda alguna, mucho más que un bar común y corriente, y lo que empieza con un buen pan con olivas puede continuar con preparaciones que van de lo sencillo y tradicional hasta conceptos mucho más complejos y de bastante dedicación. La Ensaladilla…

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La Tasquería, Restaurante Revelación 2016

Recuerdo bien La Tasquería llena de polvo, con obreros saliendo y entrando, mil detalles por pulir y unas 48h antes de la apertura frenéticas para que todo estuviese a punto. Teníamos ganas e ilusión, algunos – como yo – inexperiencia pero nos lideraba un jefe de equipo como ninguno, Javi Estévez. También me acuerdo de un par de reuniones previas, en la terraza de alguna cafetería de Madrid, cuando Javi me enseñaba los bocetos de la carta o los planos del local y me hablaba con ese brillo en los ojos que tanto le caracteriza de ese nuevo proyecto que se estaba gestando. Y así comenzó todo, como el sueño un poco loco y arriesgado de este madrileño de carácter bonachón y brillante mano en la cocina, defendiendo una corriente totalmente nueva y recuperando los despojos para encumbrarlos al máximo nivel gastronómico.

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Un año ha pasado ya desde que La Tasquería abrió por primera vez sus puertas, con paso firme y apostando por la cocina de la suculencia, esa de las cocciones perfectas y los fondos y salsas con fundamento, de la integración y de la bondad, y Madrid Fusión (el congreso gastronómico más importante) ha decidido otorgarle el premio Cocinero Revelación 2016 por todo lo bien que lo ha estado haciendo a lo largo de estos meses. El restaurante ha sido todo un éxito, los llenos son una realidad día tras día y como el mismo Javi afirma: “nos lo hemos pasado fenomenal, no hemos parado de hacer platos nuevos, de investigar con la casquería. Ha sido un sueño.”

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Tuve la suerte de formar parte de La Tasquería en sus primeros meses, de sentirla mi familia, y aunque por cosas de la vida mi camino ha ido por otro sino esto me ha permitido disfrutarla como comensal en contadas ocasiones para así poder aquí transmitirlo.

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“Casquería para no casqueros” así se podría definir un poco qué es lo que pasa en los fogones de Estévez, donde con primor y finura ha reconvertido todas aquellas partes que normalmente se desechan en grandes bocados. Desde sus exquisitos Tarros para empezar la comida – imperdible el de perdiz, manzana y oloroso – el camino se puede abrir con los…

 

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Risotto La Vaqueria Montañesa

Risotto Vongole

Me fascina el arroz, en todas sus variantes: seco, al horno, caldoso, cremoso… ¡da igual! Si está bien cocinado, con la textura en su punto, y tiene un sabor marcado sólo puede convertirse en un plato de éxito como este risotto vongole que os traigo.  Pero cocinarlo no es en absoluto fácil, hay que tenerle cogido el punto y, sobretodo, haber hecho muchos para que así el guiso te hable sólo con mirarlo y es que no hay nada peor que un risotto pastoso y apelmazado, ¿verdad? Quizás por eso últimamente se ha puesto muy de moda el “falso” risotto, hecho a partir de pasta puntalette que se asemeja muchísimo al grano del arroz como ya vimos en la receta del Falso risotto de gambas, mejillones y tuétano, y es que se convierte en un plato mucho más fácil de preparar. Aún así, si queréis todos los trucos para hacerlo en casa no dejéis de visitar Mamá, ¿cómo consigo un risotto que no sea un cemento? así no se os volverá a resistir.

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La receta de hoy se la he pedido prestada a La Vaquería Montañesa, el nuevo restaurante que Carlos Zamora (Grupo Deluz: Taberna La Carmencita, Celso y Manolo…etc) ha abierto en la coqueta calle Blanca de Navarra en Madrid, inspirado en lo rural orientado a los más urbanizas, en un local cuidado y luminoso que sigue las mismas pautas que sus predecesores: carta larga, cocina sin excesivas complicaciones y encumbramiento del producto por encima de todo. Así, encontramos los nombres de la mayoría de sus proveedores mientras elegimos la comanda, pudiendo incluso saber dónde se han engordado los patos que posteriormente cataremos.

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Fausto Alonso, mano derecha de Carlos Zamora, es el que ha estado al pie del cañón en el lanzamiento de este nuevo proyecto, fuertemente caracterizado por su preciosa barra de vegetales perfectamente cuidados, todos en su punto perfecto, a los que se puede optar en versión buffet (10€) o contar con ellos como acompañamientos de algunos platos como sus carnes. Los ojos de Fausto brillan coherencia cuando me cuenta cómo ha sido dar a luz esta Vaquería que guarda el nombre de su inquilino anterior, la coordinación entre todos los locales es vital para que ninguno se resienta y muchas son las horas de trabajo de investigación para localizar sus fantásticos proveedores; muchos de ellos han sobrevivido gracias al tándem con el grupo Zamora según nos cuenta Alonso.

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Entre sus platos, no podían fallar las clásicas rabas santanderinas o unas cremosas croquetas de bogavante, ideales para comenzar la comida tras un aperitivo de hojaldre con tomatitos cherry que se puede acompañar con un auténtico zumo de tomate, preparado al momento triturando el tomate de verdad, con su ramita de apio, un puntazo para las tomato juice lovers como yo. Algún marisquete madrileño, platos cuyo corazón es el tomate o los huevos ecológicos preparados de diferentes maneras pueden ser otra opción, triunfando unas vainas con cigalitas perfectamente salteadas, guardando el no muchas veces conseguido punto óptimo de la verdura. Como platos fuertes, encontraremos carnes ecológicas de todos tipos (pato, pollo, ternera, venado…etc), pescados traídos de la lonja cántabra y Pastas de Benedetto Cavalieri entre las que probamos el Risotto de Puntalette del Día, en nuestra ocasión: Risotto Vongole, que como nos gustó les pedimos la receta y os la traemos aquí para que podáis probarlo en casa.

Aunque pensándolo bien, casi mejor pasarse por La Vaquería y que nos lo preparen, ¿no? 

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Bodega 1900

Bodega 1900, la vida hecha tapa de los Adriá

Sí, la firma de esta casa lleva el nombre de los Adriá pero no, no se esperen un restaurante de alto postín ni menús degustación con ingredientes estratosféricos. La Bodega 1900 es un bar en su estado más puro, un concepto que busca recuperar las vermuterías antiguas, los camareros con pajarita y las tapas por doquier. El lugar es casi angostamente pequeño, las mesas de mármol diminutas y juntas y los techos bajos por lo que es sencillo llegar a un ambiente recargado y más teniendo en cuenta lo abarrotado que está día sí y día también pero eso no impide un tapeo con más confort que el que se suele tener en las abarrotadas barras. Suelos de baldosas hidráulicas, decoraciones en madera y un servicio más que atento elevan el concepto “picoteo” hasta convertirlo en una comida desenfadada y más divertida. Lo que aquí se come es producto sin florituras y platos tradicionales puestos al día, desde su diminuta cocina salen también algunos guisos con fundamento y podemos encontrar algunos ápices de técnicas modernas llevadas al día a día.

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A la Bodega 1900 veníamos a comer, a probar un poco de todo, así que empezamos la comanda con algunos fijos en el aperitivo. No podían faltar las aceitunas esferificadas (1,90€/ud) ampliamente copiadas que se acompañaron con unas Algas crujientes con quínoa (4,60€) perfectas como acompañamiento del vermú al igual que las deliciosas Gildas (3€) y unos perfectamente escabechados mejillones rojos (6,80€) pequeñitos y muy suaves.
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De los fritos, estupendas las quisquillas (4,80€) que se comen como pipas al igual que los salmonetes (7,50€) que formaban parte del pescado del día y pese a ser diminutos resultaron melosos y tiernos. Los peces de la Bodega 1900 se acompañaron por unos puerros en vinagreta de ceniza y parmesano (5,80€).

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Por equivocación de los camareros probamos las tres tostadas: de tartar de atún rojo (muy) ligeramente picante (4,80€), de pas…..

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Lubina marinada de Atlantik Corner

Una de las cosas buenas de la globalización es la cantidad de ingredientes, platos y preparaciones extranjeras que han llegado dentro de nuestras fronteras y hemos podido probar y disfrutar en las mesas a las que acudimos día a día. Sin lugar a dudas, en los últimos años, la cocina peruana cada vez va cogiendo más fuerza trayendo consigo su vertiente china – la cocina chita – y su vertiente japonesa, la llamada nikkei. De esta última rama nacieron los tiraditos, una suerte de sashimi de pescado pero cortado más fino, similar al usuzukuri, aliñado con cítricos para aportarle cierto marinado y hoy vamos a hablar de uno delicioso, el de lubina.

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Muy similar a estos tiraditos, hace poco probé en Atlantik Corner  un plato de lubina marinada que me encantó porque a pesar de ser pescado crudo el aliño había conseguido una muy buena textura del pez a la que se sumaba un contraste de los sabores del yuzu, las aceitunas, el aguacate y el shisho que lo hacía delicioso. Atlantik Corner es un restaurante abierto hace poco en Madrid cuyo leit motiv es la cocina a orillas del océano Atlántico y por ello cuenta con platos de inspiración portuguesa, canaria, gallega o brasileña. Su decoración es bonita en tonos claros y techos abovedados, su carta de vinos tiene fundamentalmente referencias gallegas, portuguesas y marroquíes y entre sus especialidades se pueden encontrar el bacalhau à brás, el carabinero asado al carbón con cuscús de curry rojo o el picantón con adobo de vinha d’alhos y cinco cítricos terminando la comanda con una jugosa torrija para la que el ticket medio rondará los 30€.

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Y como me gustó tanto su Lubina Marinada – que casi se podría llamar tiradito – desde el restaurante amablemente me han facilitado la receta para poder compartirla con vosotros y que podáis preparar en casa este platillo frío ideal para hacer frente a los excesos navideños en plena cuesta de enero.

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La Catapa, de las mejores barras de Madrid.

Madrid se ha criado viendo cómo las barras de sus bares se llenaban de tapas día tras día mientras las salas se abarrotaban para hacerse con una porción de la suculencia del lugar: en ocasiones la tortilla de patata y en otras un sedoso salmorejo, un buen cuenco de callos o quizás unas cuantos trozos de crujientes torreznos. Por toda la capital se extienden bares y tabernas – más o menos ilustradas – cuyas barras son una auténtica tentación, y es que no cabe duda de que hablamos de una de las mejores plazas para irse de picoteo.

Catapa-ensaladilla

Es bien sabido que si les hablo de Madrid , nunca tan bien como lo haría el maestro Sabina, la zona a espaldas del Retiro que surge a raíz de la calle Ibiza se ha proclamado como una de las mejores para el tapeo informal, contando con locales de alto nivel como los ya clásicos (y fantásticos) Taberna Laredo, La montería o Arzábal. Pero hoy me gustaría hablarles de un cuarto en la batalla, ese al que solamente por su tortilla de patatas muchos se desviarían y que ahora ocupa el antiguo local de la Taberna Laredo, un espacio que supuso un gran cambio para Miguel Ángel Jiménez, el propietario y cocinero, antes situado en un minúsculo lugar justo enfrente del actual, en la misma calle Menorca.

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La Catapa dio entonces el salto de ser una diminuta barra a contar con un espacio más amplio en el que conjugar los puestos de pie con una sala con unas cuantas mesas para comidas formales. Ahora, además de una vitrina repleta de buen producto del día, tapas clásicas como su archiconocida ensaladilla rusa, otras más modernas, y una estupenda oferta de…

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Propósitos gastronómicos del 2015

 

Nunca he creído a pies juntillas que por pasar de un año a otro la película va a cambiar y vamos a pasar de Tim Burton a Ridley Scott en una décima de segundo. Dentro de mi escepticismo, los propósitos de año nuevo nunca han formado parte de las listas que asiduamente me hago para ayudar a mi olvidadiza cabeza, más que nada porque si algo se tinta en mis enumeraciones luego hago lo que sea por que se cumpla; si no, ¿para qué?

Que se vayan al cuerno el gimnasio, leer más libros, dejar de fumar (si lo hiciese), adelgazar, ahorrar dinero y todas esas pamplinas que se tatúan en nuestras cabezas a principios de enero con una tinta de hena que va poco a poco difuminándose en el olvido. Este año los que me van a importar son los propósitos gastronómicos, que son los que verdaderamente van a hacerme disfrutar y creo que los podrán compartir conmigo, así que pienso llenar el 2015 de muchos más momentos cocinando y otros aprendiendo de vinos, ese gran desconocido para mí. También pueden apuntarse a perderle el miedo a la comida vegana y vegetariana, de la que no tengo….

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