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DiverXO, que comience el XOw.

Nada de lo que hay ya escrito por todas partes define qué es el mundo fantástico de Dabiz Muñoz – sí, con be y con zeta, no se piensen que necesito ahora cuadernillos Rubio – pero si lo que esperan de esta líneas es encontrar esa descripción perfecta olvídense, ya pueden dejar de leer, porque la cuestión no somos los que escribimos, es la magia del que crea.

Diverxo es belleza, caos, orden, un circo en constante actuación, Vida elevada a la máxima potencia, diversión, libertad suprema, sabor-sabor-sabor, intriga, nervio, vanguardia a tope, mariposas en el estómago, una parte del país de Alicia, otra del mundo de Peter Pan, seriedad desenfadada, un lienzo dispuesto a no parar de viajar. Diverxo es pasión, disfrute, goce y – sobretodo – el billete de entrada al paraíso de la catarsis sensorial.

¿Están preparados?

Habiendo conocido su anterior ubicación en la calle Pensamiento, la mudanza a los bajos del Eurobuilding en la calle Padre Damián está claro que no ha hecho más que expandir las alas de los cerdos voladores que ya son seña de identidad de la casa.  Por mucho que escriba y que les cuente, perdónenme, pero no  les va a llegar ni una décima parte de lo que disfrutamos ese medio día de diciembre en el que estuvimos comiendo durante más de cuatro horas seguidas. Así que sírvanse ustedes mismos y vean el XOw, que será lo que más se le acerque:

Así que ya ven, ¿están dispuestos a recoger los pedazos de su cráneo? Aunque, créanme, quizás se conviertan en un polvillo tan fino que por culpa del señor Muñoz nunca más vuelvan a recuperarlo.

No esperen la típica sala de restaurante tres estrellas Michelín en la que sientes que te han metido un palo por el culo y que si te pusieran un plátano delante tendrías que pelarlo con cuchillo y tenedor. El blanco ha inundado el salón de Diverxo llenándose a su vez de sombreros con piernas, cerdos voladores con tutú que entran y salen de las paredes o conos de helado a modo de cubiteras; entorno en el que los mismos camareros, ataviados con unos estridentes monos de colores, incitan  comer con las manos y, sobretodo, a disfrutar. El discurso está pensado y el buenrrollismo latente, las mariposas con las que se llega al restaurante por el “no saber qué pasará” poco a poco van difuminándose a medida que el juego comieza y los lienzos empiezan a desfilar. Ahora toca evadirse, y todo el resto ya da igual.

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¿Que qué van a comer? Pues qué quieren que les diga, se van a meter en la boca una montaña rusa de la que luego nunca más se querrán bajar. Van a engullir evolución y revolución, sabores de siempre ejecutados majestuosamente e ingredientes viajados que harán que su percepción sobre la comida cambie así que les aconsejo que no lean más, de verdad, reserven, disfruten de la sorpresa, vuelen de la mano de Dabiz y no tengan miedo cuando se sientan conquistados, pues no serán los primeros. Caldos y fondos son el nexo de unión entre la explosión de sabores, lienzos que empiezan de una manera para terminar de otra distinta, el plato va cambiando, la untuosidad da paso a la acidez, el poder a la liviandad, la salinidad al amargor y el disfrute, a la admiración.

Y ahora, dejemos que el XOw comience, y que no se lo cuenten…

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The table by Cenador de Amós

Hace ya más de un mes nació en Madrid, de la mano de la empresa Better y  asesorado por Alejandra Ansón, un concepto nuevo dentro del panorama gastronómico nacional, The Table by. En los bajos del hotel Urso (c/Mejía Lequerica, Madrid) se adaptó el restaurante del establecimiento para dar cabida a un proyecto ambicioso que consistiría en albergar a diferentes cocineros de renombre de fuera de la capital durante breves periodos de tiempo, en los que los chefs tomarían el espacio llevando a él un pedacito de su territorio natal. Y así comenzó la andadura de esta idea, estrenada en el mes de noviembre por los gallegos de Abastos 2.0 y que, ahora mismo y hasta el 23 de diciembre, lleva lacrada la impronta del cántabro Jesús Sánchez.

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Con sus recién estrenados tres soles en la guía Repsol y celebrando los ya veinte años que lleva avalado por su estrella en la Guía Michelín, el cocinero del Cenador de Amós sirve en The Table dos menús con los que pretende hacer un homenaje a su trayectoria, incluyendo platos nuevos y otros que ya son seña de identidad de la casa. “Tradición” y “Emoción” se llaman las dos opciones entre las que se puede debatir el comensal, una a 49€ y otra a 68€, y, además, un par de buques insignia directamente llevados desde Villaverde de Pontones como son las espectaculares anchoas sobadas a mano, los buñuelos de bacalao, los quesucos de Cantabria o unos gloriosos pimientos de Isla, estos últimos fuera de carta.

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De aperitivo, un lomo de chicharro marinado con salmorejo de pimiento asado, en una esfera, y acompañado por un sutil aire de escabeche, un meloso tartar de mango con carabinero y emulsión de algas y el pincho de tortilla cristalizada, nominado al mejor pincho del año, un gran bocado del que te gustaría comer dos o tres más. Un perfecto de pato, ligeramente dulzón, acompañado por un pan de cristal sería la antesala de unos impresionantes caricos, llenos de sabor, y acompañados por unos muy bien cuidados tirabeques salteados con suave emulsión de piparra (también fuera de carta).

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Sutil, equilibrado y con un genial jugo de marisco es el Ravioli de Cigala y perfecto de punto con, una vez más, otra salsa en la que no parar de mojar pan el Solomillo de Bacalao rebozado en harina de setas. En la carta también se encuentran propuestas carnívoras como el Timbal de lechazo asado con verduras, los callos de vaca estofados con morcilla lebaniega o el rabo de novilla en costra de patata.

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En cuanto a los postres, se puede disfrutar en este The Table by El cenador de Amós de un logradísimo Sobao Pasiego caramelizado con su helado y pompas de leche, de la tarta de chocolate o del hojaldre templado de crema y helado de caramelo; según el menú de cada uno.

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Para rematar la experiencia, una cuidada carta de vinos seleccionada por Vila Viniteca y a la que el propio Jesús ha incorporado alguna referencia y un exquisito y atentísimo servicio de sala que trasladarán al comensal a orillas del Cantábrico, aunque sea sólo por unas horas. Enhorabuena Jesús, Marián y todo el equipo del Cenador por todos sus merecidos reconocimientos y por este nuevo éxito.

 

Foto de Grupo por Pablo Gómez Ogando
comida de Navidad

Mamá, ¿cómo organizo la comida de Navidad?

¿Te has hecho el/la valiente y has anunciado que este año te encargas tú del banquete? ¿Te empiezan a temblar las piernas y no sabes con qué empezar a llenar tu nevera? ¿Sientes que vas a perder todos los ahorros del año en el intento? ¡Tranquilidad! En una nueva entrega de nuestras preguntas más socorridas a una madre (ya tuvimos los trucos para conseguir unas croquetas perfectas, una tortilla de patatas que no fuera un mazacote o una paella que hiciese que nos aplaudieran) vamos a tratar uno de los temas más espinosos del mes de diciembre, la dichosa cena o comida de Navidad. Con estos pasos vamos a intentar que no tengas que acudir al tranquimazín o termines en la López Ibor una vez finalizadas las fiestas, que tu cuenta del banco se resienta lo menos posible y que seas el anfitrión perfecto, dejando que todos los que acudan a tu mesa quieran que vuelvas a ser tú el que se encargue el año que viene aunque ya sepas que no volverás a pasar por el aro. Así que vamos al lío…

Mamá, ¿cómo organizo la comida de Navidad?

1. No dejes la elección del menú para el último momento.

Saber lo que vas a servir es esencial para poder organizarte con tiempo. Planifica un menú con sentido intentando equilibrar los costes y la dificultad de elaboración de las preparaciones. Elige cosas que se puedan quedar hechas para darles un calentón final justo antes del momento de la comida y cuenta siempre con unos cuantos aperitivos fríos por si tus invitados tienen que esperar un poco más de lo normal y no quieres que se lancen a por tus huesos. Unos cuantos entrantes, alguna ensalada, algún caldito/crema/sopa y un principal serán la base de tu éxito y, si alguien quiere colaborar, cédele la parte del postre; de él siempre podréis prescindir contando con algún turrón y mazapán si vuestro invitado la lía.

2. No te compliques la vida

Parece que cuando queremos hacer una comida a lo grande empezamos a pensar en platos chulos que hemos visto en los blogs de moda o en alguna revista. No te líes. Lo que importa es que esté rico y no de mucha lata porque estar encerrado en la cocina mientras los demás comen puede convertir tu Navidad en una pesadilla. Apuesta por platos…

No te pierdas el resto de los trucos, puedes verlos PINCHANDO AQUÍ. 

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La obsolescencia de la Guía Michelín

No quería yo hablar de temas espinosos pero tanto protagonismo tiene la guía roja en nuestras redes sociales y tanto me han preguntado al respecto que no me escondo de lo que he podido ir dándome cuenta en el poco tiempo que llevo en el círculo de la gastronomía. Una afirmación rotunda es que cada año por estas fechas hay una semana en la que los astros brillan con más fuerza y el tema gastronómico de conversación por excelencia es la archiconocida Guía Michelín, cuya gala se celebró en Marbella el pasado miércoles.

Semanas antes las apuestas comienzan, los secretos empiezan a desvelarse y los rumores se hacen grandes a medida que la lotería va acotándose poco a poco en un entorno en el que últimamente cada vez más cocineros dicen que se mantienen al margen. Lo han hecho hace muy poquito los cocineros franceses y muchas afirmaciones iguales se han escuchado de los más grandes de nuestro país, al igual que sobre la lista de los 50 mejores restaurantes del mundo. Pero…¡Ay, amigos! Qué cierto me parece que el prestigio de una cocina cada vez se mide menos en función de las estrellas que la avalen pero no se equivoquen, porque se quiera, o no, la guía acaba llenando comedores. Por ello llaman los establecimientos para que los perfectamente entrenados inspectores lleguen a los restaurantes, siempre de incógnito, prueben la comida, paguen religiosamente y, después, ya desvelen cuál es su origen. Este hecho me parece que es lo que tiene que ser porque aquellos “periodistas” o “críticos” que acuden a las mesas sólo previa invitación ya no me parecen de fiar. Lo que está claro es que figurar dentro de la roja se traduce en estar presente en el círculo gastronómico, aunque esto no tenga por qué significar que las arcas se llenen. Aún así, no voy a mentirles, considero que, en la ahora vigente, no están todos los que son, ni son todos los que están. Y aunque haya más de los primeros que de los segundos, no es justo que haya ciertos intocables que no se apeen del podium simplemente porque “no se pueda hacer”.

Para empezar, ¿qué criterios siguen los inspectores para decidir si te mereces descansar en el Olimpo o no? Discúlpenme si soy de las que piensa que no sólo deberían estar incluidos los menús degustación y restaurantes de alta alcurnia. Abogo porque figuren aquellos lugares en los que se coma un arroz de escándalo o un cocido montañés de quitarse el sombrero también, no despreciando, ni mucho menos, la considerada alta gastronomía que defiende estos menús largos y estrechos. Pero, perdónenme de nuevo, para mí este concepto sólo significa que…..

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Cuestión de miga

Mi artículo de esta semana en El Diario Montañés: 

Supongo que la mayor parte de ustedes conoce, por lo menos, el nombre de uno de los restaurantes que más ha sonado en el último año en nuestro país. Sin lugar a duda, el éxito de DiverXo ha radicado en su diferenciación respecto al resto de los comedores, tanto por los platos presentados como por su modus operandi. Hablo hoy de esto no porque quiera reafirmar mis fantásticas dos experiencias alrededor del XOw de David Muñoz sino porque recuerdo con claridad mis ganas de llevar una barra de pan debajo del brazo a la cena cuando me enteré que no lo servían en el restaurante.

Puede que el problema sea que su presencia es un arma de doble filo, ¿quién se resiste a la tentación de hincar el dedo en los suaves y calientes bollitos que colocan en la mesa antes de que los platos lleguen?, pero una, que es muy panarra, reconoce que su presencia es casi obligatoria para disfrutar al máximo la comida, ¡que me dejen mojar bien en las salsas! Pero…no puedo no admitir que con los lienzos del señor Muñoz pude prescindir completamente de este farináceo. Qué cosas.

Otro tema es el momento en el que terminas el principal y, antes de ni siquiera tener retirado el plato, te quitan la cesta de pan y los posibles trocitos que tengas por ahí desperdigados. En los restaurantes de “finos y elegantes” lo retiran limpiando las migas mientras que en los más informales lo quitan dejando éstas y otras posibles manchas de las que el picoteo en el centro ha podido ser el culpable. Pues bien, me comentaba hace unos días una lectora su desaprobación ante esta práctica tan veloz y lo cierto es que más de una vez, en casa, me ha gustado terminar el dulce con un trocito de miga de pan.

¿Por qué se tiene tanta prisa en retirarlo, entonces?

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Cómete el mar – Las algas.

Este artículo se publicó el sábado pasado en El Diario Montañes. ¿Qué no te comerías nunca?

 

“Siempre he pensado que el sentido más importante para comer es la cultura. Si caminásemos por pueblos de países orientales podríamos asustarnos con la facilidad con la que comen serpiente o, incluso, perro pero si fuésemos a lugares de Sudamérica no sería raro encontrarnos con platos llenos de insectos o manjares elaborados a partir de primos de las ratas.

En muchos hogares todavía resulta inusual emplear un ingrediente que cada vez está haciendo más eco en los restaurantes de alta gastronomía, y es que aportan distintos matices a los platos haciéndolos sorprendentes y tremendamente gustativos. Escogidas cuidadosamente a lo largo de toda la costa gallega, las algas van entrando poco a poco en la concepción de un nuevo vegetal que, además de estar cargado de un sin fin de minerales, tiene un potencial increíble dentro de nuestra gastronomía.

He tenido la suerte de poder visitar una explotación de esta flora marina recientemente y bucear en las zonas donde Antón y Julián pasan horas explorando el fondo marino a lo largo de la Costa Da Morte en búsqueda del mejor producto que ofrezca el mar. Ellos son parte del equipo de Porto Muiños, empresa puntera tanto en el mundo de las algas como en el de los vegetales que nacen a orillas del mar, que comercializa tanto las algas en sí como conservas exquisitas hechas a base de éstas.

No es cuestión aquí de hacer propaganda de ninguna firma sino más bien trasladar la riqueza de un ingrediente nuevo con el que poco a poco podemos familiarizarnos hasta adoptarlo en nuestras costumbres e incorporarlo en nuestros platos de cada día; algo que, queramos o no, enriquecerá nuestra cultura, nuestra salud y nuestra experiencia gustativa.

Si se atreven con ello, prueben a acompañar cualquier pescado a la plancha con una salsa de wakame hecha a base de pochar unas chalotas picadas con el alga y un poco de vino blanco hasta que reduzca. Luego añadan un chorreón de nata, salpimenten y dejen al gusto para nada más tener que terminar en un vaso batidor con una nuez de mantequilla, triturar bien, colar y finalizar con un chorrito de limón y una pizca de cebollino picado en el último momento.”

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De principio a fin, el dilema de los intermediarios

Mi artículo de esta semana en El Diario Montañés, el dilema de los intermediarios.

“Parece que cada vez más el cocinero vuelve a concienciarse de que los tomates no salen de las cajas que trae el frutero ni que los solomillos se construyen como si fuesen plastilina para ponerlos directamente en sus mesetas. Poco a poco se está retomando la idea de ser conocedores de la materia prima con la que se trabaja y, el que está detrás de los fogones, intenta hacer esfuerzos por saber qué hay más allá de las blancas merluzas que luego se convertirán en el manjar de muchos.

Puede, quizás, que esto no sea más que otra visión del mundo del restaurante – que, obviamente, puede atacarse desde puntos de vista de lo más dispares – pero considero que la conexión entre el productor y el que cocina el producto debería ser un poco más intensa de lo que lo es en algunas ocasiones. Me fascina ver cómo los cocineros salen de su trabajo antes ni siquiera de que los comensales se hayan levantado, con su cesta bajo el brazo, listos para recolectar las setas que prepararán al día siguiente – como pude constatar que ocurría con los chicos de Montia (El Escorial, Madrid) donde disfruté de una maravillosa comida esta semana, restaurante digno de visitar – o cómo son ellos mismos los que se aproximan directamente hasta la lonja para ver qué descargan esos pesqueros que vienen cargados de regalos del agua; allí pudimos ver tras una notable comida en El Faralló (Denia), que incluyó desde unos impecables sepionets hasta un bonísimo Arroz de carne, al dueño del lugar, dispuesto a hacerse con las mejores gambas de Dènia de las que farda servir a sus comensales. ¿Es quizá esto lo que permite a estos lugares tener precios más reducidos?

Claro, si del barco va a la lonja una merluza por la que al marinero le pagan una cantidad irrisoria este precio no se refleja luego en nuestros tickets porque la lonja se lleva su pellizquito, el distribuidor el suyo, el pescadero el suyo y nosotros pagamos, como idiotas, la mayor parte de nuestras materias primas con una inflación desbordada. Está claro que hay muchos eslabones de la cadena que sobran pero lo peor de todo es que cuando lo sabes y quieres saltarte alguno de ellos, la mafia formada a su alrededor es tan grande que ni te lo permiten y, además, te acribillan.”

 

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La Salita de Begoña Rodrigo (Valencia)

Sigo pensando que el mundo de la cocina es tremandamente machista pero ¡cómo me gusta encontrarme con mujeres con “dos cojones” haciendo las cosas bien y teniéndolo todo muy claro!

Begoña Rodrigo es una luchadora, se le ve en la cara nada más te habla, y no se anda con chiquitias; las cosas claras y el chocolate espeso. Así, hace nueve años, se llegó como una forastera en su tierra y decidió abrir La Salita en su Valencia natal en un local en el que su hermana había pensado montar un bar pero que al final se echó para atrás. Su idea no era esa; ella todavía quería viajar un poco más, los ocho años en Holanda – donde conoció a su marido y mano derecha en la sala y en la bodega, Jorne Buurmeijer – no habían sido suficientes para esta cocinera que aprendió el arte de los fogones en los libros y comiendo por ahí y que lo ha sabido desarrollar hasta su máxima expresión.

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Sin peloteos, porque no me gustan, tengo que comentarles que en su pequeña “Salita” Begoña tiene estructurado un menú único que sale de la diminuta cocina vista con una cadencia perfecta, una temperatura idónea y un cuidado totalmente pulcro. Ella misma afirma que los platos que plantea no son, quizás, los que le gustaría que conformasen ese menú pero que se tiene que adecuar a una clientela no tan acostumbrada a las “locuras” de los chefs y a que lo que está sirviendo lo hace a un precio de lo más ajustado, 43,50€.

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Llena de luz gracias a sus ventanales y de lo más acogedora por su cuidada y preciosa decoración, la sala acompaña un menú que reza bien claro que la estética cuidada es primordial. Nada más sentarse, unos chips (de tinta de calamar, de plátano, de tomate y de yuca) dentro de una jarra amenizan la llegada de la bebida y el comienzo de un menú que se abre con “El Árbol de la vida”, un árbol de metal que recoge los primeros seis snacks que degustaremos: Tomate relleno de tartar de salmón, cono de ceviche de bonito, terrina de conejo pekín, bombón de foie, cucharita de queso de cabra con esferificación de Kalamata y bombón de queso azul y chocolate blanco. Tomados de menor a mayor intensidad, tal y como lo recomiendan, destacan sobre todo el frescor del cherry relleno de salmón y la untuosidad de la cuchara de queso de cabra.

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Como primer plato, abre el festín la soberbia Caballa envuelta en…

 

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Restaurante El Retiro (Pancar, Llanes)

Allí donde al GPS le cuesta llegar, en una carretera que sale de otra que va hacia Llanes, se encuentra un chigre de pueblo, una sidrería de toda la vida pero con una carta que se lee en la puerta y que ya avecina que algo diferente se aproxima. En El Retiro sólo anuncian tímidamente, al final del todo, que existe un menú degustación, pero para el público general se percatan que llegarán más fácilmente si se aferran a la oferta de la carta con platos típicamente tradicionales, algo que es lo que ha venido cocinando la casa durante las últimas dos generaciones pero que Ricardo ahora quiere revolucionar. No es fácil servir los callos y las croquetas de tu abuela en el bar – bastante cutre pero muy limpio – por el que se entra al local y después descubrir una sala mucho más cuidada, quizás un poco fría, con manteles largos de tela y una sobriedad que induce a esperar platos de una redondez como los que aquí se encuentran. Formado junto a grandes de la gastronomía española como Nacho Manzano o Manolo de La Osa y habiendo pasado por cocinas como la de Ca Sento, Ricardo no abandona en ningún momento la cocina de raíz sino que además se aventura con nuevas combinaciones, complejidad de sabores y tratamientos de lo más sutiles.

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Nada más sentarnos, una mantequilla de limón con unas finas tostas de pan y de aperitivo un cóctel de sandía osmotizada en vermú rojo con naranja amarga confitada y albahaca baby – quizás demasiado alcohólica – y un suavísimo y exquisito milhojas de foie, manzana y salmón.

También llega la ya famosa croqueta de cecina y queso  (no hay foto), cremosísima por dentro y crujiente por fuera, recuerda aquí la textura de la que presumen  las de Casa Marcial.

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Para empezar, la Ostra con agua (¿demasiado dulce?) de manzana, albahaca y….

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TriCiClo, las ruedas que no paran. (Madrid). Miss Migas

TriCiClo, las ruedas que no paran. (Madrid)

No pensaba hablar hoy de otro restaurante ya que llevamos dos seguidos, Solana y Güeyu Mar, pero tras una recientísima escapada a la capital y su consiguiente obligada visita, no puedo resistirme a trasladaros la fantástica comida de la que he disfrutado en TriCiClo

Para introduciros en el mundo de esta bicicleta de tres ruedas, debéis saber que pedaleándola se encuentran sus tres creadores: Javier Goya, Javier Mayor y David Alfonso,  y que desde que abrieron hace poco más de un año han estado conquistando al público madrileño generando llenos en sus mesas e incluso listas de espera, y con razón. En pleno Barrio de las Letras, allí donde aparcar es prácticamente imposible y las calles son peatonales, se erige el proyecto de estos tres cocineros, de fachada granate e interior moderno, agradable, de paredes blancas, mesas de madera y una preciosa vajilla con algunos platos que incluso han traído desde Japón, algo así como una casa de comidas pero en versión moderna, un acierto. Aunque lo propio sería confesar que esta empresa de la que una servidora escribe no es completo si no se incluye Tándem, unos metros más abajo en la misma calle y defendiendo los mismos ideales que su hermano mayor pero en un espacio más recogido, una oferta más reducida y horarios continuados para que se pueda desde desayunar hasta cenar o merendar.

 

  TriCiClo, las ruedas que no paran. (Madrid). Miss Migas

Pero lo que hoy me hace estar aquí escribiendo es el alma máter, ese lugar en el que estos tres chicos se dejan la piel con una sola premisa, que lo que sus comensales se metan en la boca tenga sabor y esté rico. Pueden ofrecer un día lentejas y al siguiente un tataki, las referencias llegan desde todas partes del mundo y todas ellas salen más que airosas del paso, totalmente defendibles, explotables en el paladar, suculentas, con ganas de más. No es la primera vez que pasaba por allí y lo que sí que puedo decir es que  de entonces hasta ahora han conseguido resolver los dos problemas que les delataban: el ruido de la sala y cierta lentitud en el servicio que, por otra parte, sigue siendo igual de encantador pero ahora ya todo va sobre ruedas, y nunca mejor dicho.

Si tuviera que definir lo que allí podréis encontraros comenzaría hablando de sabor, y de modestia, en un ambiente acogedor, desenfadado y nada pretencioso. Comida tradicional que se ve renovada con un punto vanguardista, cocciones impecables, texturas logradas y recorridos sápidos en la boca que hacen que cada mordisco se convierta en uno de sus viajes por el mundo, una propuesta resuelta con la mejor de las inteligencias. Su oferta se divide en tres secciones, “Del mercado al Triciclo” con platos de producto perfectamente tratado, “Un paseo en Triciclo” con platos ligeramente más elaborados, casi todos con raíz española, y  “Un viaje en Triciclo” donde se incorporan más puntos de fusión internacional en ellos.  Pero es una carta que cambia frecuentemente y a la que se le añaden siempre sugerencias del día y que podréis pedir tanto en tercios como en medias raciones, una buena idea si queréis probar muchas cosas.

En esta ocasión empezamos con unos puerros confitados, con su vinagreta y un poco de trufa de verano, sencillos, que se deshacían en la boca, producto base bien tratado, y nada más. Perfecto.

TriCiClo, las ruedas que no paran. (Madrid). Miss Migas

Después llegó la Esqueixada de Bacalao con… si quieres saber todo lo que comimos, PINCHA AQUÍ.