Paella de Marisco

Paella de Marisco

Igual que siempre he dicho que las paellas son para el verano, he de admitir que juego bastante con la improvisación cada vez que se me ocurre hacer una. Vamos, que abro la nevera y utilizo lo que tengo a mano para dar salida al arroz que toque ese día. Eso es lo bueno de los arroces, que con un buen sofrito y un buen caldo se consiguen resultados maravillosos como esta Paella de Marisco con coliflor que os presento hoy y que no tiene más ciencia que hacer una capita bien fina de grano, un caldo con buen fondo y mucha sustancia y darle el punto exacto a la cocción.

“El secreto de la Paella de Marisco es un caldo bien potente y reducido que llene de sabor nuestro arroz.”

Lo de la coliflor fue casi un accidente porque tenía un florete en la cocina y al verlo pensé: “¡A la cazuela!” y lo cierto es que nos gustó mucho dentro del resultado global aunque ya sabéis que es una verdura que causa bastante controversia y no sé por qué si está para morirse de rica, lo dice una que se la toma sola con sal o que le pierde mezclarla con mayonesa, forma en la que se ha comido muchísimo en mi casa.

Marisco Paella

Volviendo a nuestra Paella de Marisco, como os decía lo básico es tener un buen caldo de pescado/marisco con el que mojar el arroz. Para esto aprovecho espinas y morralla que me da el pescadero a súper buen precio y lo tuesto todo ligeramente en una olla junto con un poco de zanahoria, puerro, cebolla y perejil, lo dejo hirviendo 40 minutos, lo cuelo, y luego lo dejo reducir a fuego muy bajo poniéndolo a punto de sal. Y todo comienza con un sofrito bien reducido de ajo, azafrán, pimentón y tomate al que posteriormente añado la coliflor y los chipirones mini y las patitas de pulpitos. A veces marco los gambones primero y luego los retiro, otras los pongo simplemente encima del arroz en los minutos finales.

El fuego siempre comienza estando fuerte, los primeros diez minutos, y termina a al mínimo para que el grano se asiente. Si no tenéis fuegos potentes en casa, lo mejor es terminar las paellas los últimos 3 minutos en el horno, quedan de maravilla; serán esos tres minutos los únicos en los que tendréis que poner los gambones por encima.

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Aponiente, vanguardia en el restaurante del mar

Allí donde parece que la tierra se acaba, al sur del sur, con el oleaje batiendo en la cara y la marisma como compañera de viaje esencial, un antiguo molino se yergue oteando el horizonte, ansioso por dar la vida por la mar y cuyo nombre cita “Aponiente”. Y lo que comenzó siendo el sueño de un loco ansioso por bucear hasta el corazón del océano tomó el nombre mirando directamente al viento que sopla desde Poniente demostrando al mundo que, cuando se creía que todo ya había sido descubierto, todavía quedaban muchas rutas por las que navegar.

Ángel León - Aponiente

Aponiente es ese lugar donde el mundo acaba, y comienza la mar.

Todo ya ha sido dicho sobre Ángel León, su cocina de fondos y suculencia, su vanguardia con sabor a mar, pero no quería dejar de escribir unas líneas que me sirvieran fundamentalmente para rememorar lo mucho que disfruté en la casa de al que todos llaman el chef del mar.  Aprovecho un inciso para recordar el documental en capítulos que se emitió bajo este mismo nombre y que disfruté muchísimo, de lo mejor hecho gastronómicamente en producciones de televisión en los últimos años sin duda alguna.

Sardina - Aponiente

Nunca visité el antiguo Aponiente, el primigenio, el original, fallo mío y de los grandes porque tras conocer el nuevo Molino de Mareas ahora adolezco de cierta melancolía por ignorar lo que años atrás allí había estado ocurriendo: un camino inexplorado que ha dado lugar a un mundo totalmente nuevo para el comensal, y para el cocinero.

Tras recorrer el pasillo que admira la gran fachada del molino, flanqueados por montañas de sal, las puertas se abren para entrar en una inmensa construcción de piedra antigua que verdaderamente impone y donde en su interior cada detalle está pensado como una alegoría a lo que allí acontece. Por las ventanas de la derecha se observa cómo el mar y la marisma acompañan a la tripulación que a mano izquierda del pasillo trabaja en unas impresionantes cocinas de cara al público en su plenitud; un espectáculo digno de admirar.

Ángel León y Juanlu Fernández – su imprescindible mano derecha- trabajan una cocina de sabor, de potencia y de alma, una pasión que brilla a través de los ojos de los que allí ofician, sintiendo el océano como su casa. Dos menús se ofrecen al comensal, el largo Mar de Leva (185€) y el Menú Selección (165€) con una bodega a cargo de Juan Ruiz Henestrosa digna de ser disfrutada y donde los vinos de Jerez cobran un protagonismo esencial.

Ensalada- Aponiente

Todo comienza con sus Tortillitas de camarón como un encaje, etéreas, livianas y llenas de sabor que dan pie a una serie de aperitivos para comer con la mano y a su ya famosa tabla de chacinas marinas frías  (morcón de corvina, butifarra de lisa, calamar relleno de ventresca, paté en croute de arenque, sobrasada de caballa…) y su versión en caliente con una chistorrita de pescado. Llega la dulcería marina, como una bandeja de pasteles de…

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Ceviche de plátano

Ceviche de plátano de Zoco Comidero

Ahora que llega el calor y los sudores empiezan a apoderarse de todos nuestro sueños, los estómagos comienzan a encogerse y lo único que apetece son bebidas fresquísimas y comidas ligeras, ácidas, aromáticas y refrescantes para combatir unas temperaturas que, por lo menos en Madrid, incluso impiden pegar ojo por las noches. Por eso he escogido este ceviche de plátano para hoy, porque desde que lo probé en Zoco Comidero Bar me ha parecido una opción deliciosa y saludable para hacer frente a los días de bikini. ¿Ceviche de plátano? Sí, platano macho ni demasiado verde ni tampoco muy maduro pero en su punto perfecto para que no tenga un dulzor excesivo en cambio sirva de emulsionante ante el cítrico de la “leche de tigre vegetal”, toda una sorpresa facilísima de preparar en casa.

“Este ceviche de plátano es una receta de Zoco Comidero, donde practican la cocina “flexivegetariana” que tras triunfar en el resto del mundo busca encontrar su hueco en Madrid”

No os voy a engañar, el concepto “flexivegetariano” me rechina por todos lados: ¿soy vegetariano pero a veces no? Apostaría más por un concepto en el que se dijese: aquí primamos todo lo vegetal. Y punto. Porque aunque en Zoco el 80% de su carta sea vegetariana o vegana también se pueden encontrar huevos, carnes, aves y pescados, y bien preparados además.

 

El ambiente es de lo más agradable, abierto hacia el exterior, lleno de detalles y con la madera que tan de moda está al compás de una buena música de ambiente que lo convierte en un sitio perfecto para ir a trabajar con el ordenador – os encontraréis seguro a alguien trabajando con su Mac el día que vayáis – o para quedar con amigos y sentirse muy relajado. Como ya he comentado, en su carta se pueden encontrar desde fórmulas para desayunos-brunch-meriendas como platos de comida y cena que giran en su mayoría entorno a los productos vegetales y a los superalimentos que ahora están tan de moda. El kale, el trigo verde, la quinoa, las algas o la chía son sólo alguno de los ingredientes con los que trabajan en Zoco y a los cuales les intentan sacar todo el partido posible para hacer este tipo de recetas lo más llamativas y suculentas posibles y lo cierto es que mi visita por allí me sorprendió muy gratamente.

En mi visita probé también bocaditos como los boquerones tempurizados con pesto de kale cuya salsa era potente y buena y debería de haber estado más presente, la brocheta de sandía y queso feta con pesto de chlorella, una tabla de quesos veganos que me sorprendieron (hay que entenderlo, no es queso, llamémosle de otra manera, ¡pero están ricos!) una buena arepa venezolana capresa o el delicioso patacón de ternera ECO cocinada a muy baja temperatura con aguacate y frijoles con un punto picante a partir de hormigas culonas que le venía de maravilla y es que se ve que aquí las raíces venezolanas de la dueña están muy presentes.

Me alegró catar la ensalada de quínoa con kale regado con aceite de coco, una combinación que es triunfantemente ganadora, y acompañada con muchas verduras, huevo cremoso y un hummus con toque de pimiento que, si todo separado está rico, mezclado lo está más. Y para terminar, el broche dulce lo puso un Pudin de chía que en sí no sabe a nada pero que acompañado por los frutos rojos el cremosísimo e intenso brownie vegano de chocolate y aguacate resulta un postre perfecto a la par que saludable. El ticket medio de Zoco Comidero ronda los 25€ y si bien es cierto que hay que acudir con la mente abierta – pues no es el mismo tipo de comida que solemos encontrar en todas partes – será fácil que su propietaria Marbell logre que en vuestro corazoncito hagáis un hueco para todo su mundo veggie.

En cuanto al ceviche de plátano que os traigo hoy, la receta es genial para las preparaciones rápidas y para sorprender a vuestros comensales. ¿Quién ha probado alguna vez un ceviche de plátano macho? Y la combinación resulta ganadora, tras probarlo en Zoco sólo me faltó un punto salino y crujiente que le daría, por ejemplo, con un maíz tostado tipo kikos por encima así que lo añado en la receta aquí abajo para que lo hagáis directamente vosotros así y triunféis por todo lo alto.

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bogavante deliveroo

Bogavante a la Mantequilla de hierbas

Estaba claro que después del éxito de Burger & Lobster en Reino Unido y toda su expansión  por la costa noroeste del continente americano era cuestión de días que el concepto de servir hamburguesas junto con bogavante a la parrilla llegase a nuestro país. Lo cierto es que un gran producto como un buen bogavante bien cocinado, en su punto justo y con el aditivo exacto para que no esconda el sabor pero lo realce y lo acompañe, es una comida fantástica para esos días de verano que se pasan enteros en la piscina y se quiere comer algo ligerito pero delicioso; un plato que rápidamente relacionamos al sol, al buen ambiente y a una amplia terraza con música de relax de fondo.

bogavante deliveroo

Para hacerlo a la plancha, está claro que el bogavante hay que abrirlo por la mitad y con mimo y cariño tenerlo sólo el tiempo suficiente necesario para que se haga ligeramente pero que no se reseque, este animal tiene una carne tersa que si se pasa de punto terminará siendo hasta desagradable de comer. Como veréis, la receta de este bogavante a la mantequilla de hierbas es muy sencilla y lo hemos llamado así porque nos la han prestado los chicos de Ottawa Burger & Lobster ya que tras hacer un pedido a domicilio después de una jornada de piscina intensa me encantó llegar a la mesa y no tener ni que encender la cocina, tenía la comida servida y perfecta gracias a Deliveroo.

burger deliveroo

Como veréis en la foto, mi amiga Rosa y yo nos dimos un buen homenaje sin pasar ni un minuto en la cocina y es que con estos calores que llegan cada vez da más pereza encender los fuegos y hay que aprovechar hasta el último minuto en el agua así que aprovechando el capricho por el bogavante pedimos también una hamburguesa de vitello tonnato que venía acompañada por una deliciosa ensalada de col y patatas fritas y una ensalada alemana de patata perfectamente aliñada, con ese punto de encurtido tan necesario en este tipo de entrantes. Por si fuera poco, fue Rosa la que hizo el pedido y me sorprendió con la comida, ¡yo pensé que iba a cocinar ella! Y cuando me dijo que saliésemos de la piscina para comer  y llegué a casa y nos encontramos al chico de Deliveroo con la comida fue un puntazo, es que usando mi código INVITACLARA se ahorró 8€ por ser su primer pedido, un chollazo.

“Preparar un buen bogavante a la plancha sólo tiene un secreto: producto sobresaliente y mimo al tratarlo. “

 

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Gran jarana criolla

Panchita (Lima), maravillosa cocina criolla

Si en cuanto a cocina nikkei me pronunciaba hace unos días fan total de Maido, no puedo no declarar mi amor absoluto por la cocina criolla que Martha Palacios elabora en Panchita, un local con una estética que se contrapone claramente a la deliciosa cocina que en esta casa consagran. El lugar es amplio, destartalado, poco íntimo y muy impersonal pero su personal amable y siempre atento se conjuga con un alto nivel en los fogones provocando que la visita a este restaurante cuando se está en Lima sea obligatoria.

Panchita-Tamales

“La cocina de Panchita es sincera, profunda, suculenta y adictiva”

Martha destila pasión, esfuerzo y rigor cada vez que habla. Su historia lleva tatuada la palabra superación en cada página y es que tras emigrar a Japón para ganar dinero para poder costearse sus estudios de gastonomía trabajando en una tienda de azulejos todos los capítulos asociados a su andadura entre fogones son tan apasionantes y de admirar como este. Volvió de Japón, estudió cocina, abrió su propia cafetería justo enfrente de la universidad donde estudiaba, lo dejó todo para entrar a trabajar como aprendiz en las cocinas de La Mar (la cevichería de Gastón Acurio) hasta que ascendió a Jefa de Cocina, se embarcó en un proyecto que prometía haber sido mucho más de lo que fue y volvió de nuevo a su querida La Mar, desde donde poco tiempo después la enviaron a formar parte del nacimiento de Panchita. Y un restaurante concebido para que todo girase entorno a su parrilla rápidamente fue cediendo sito a los guisos de sustancia donde Palacios muestra su buen hacer en los fogones.

Cuy

Sus tamales – y lo dice alguien que los pide cada vez que los encuentra – son los mejores que he probado en mi vida: se me hace la boca agua sólo de recordar la suavidad máxima que se embalsama con el sabor nítido del maiz; blanco de alcachofa, de maíz, de choclo con chancho, verde de culantro y el “Martitha” de quinoa, cada cual mejor. Pero en Panchita también se encuentran anticuchos de órdago, perfectamente adobados y asados, tanto el de corazón como el de molleja de corazón de res que se deshace en la boca, tiernísimo, adictivo, y un cuy de altura si se quiere probar este animalillo, con la carne suavísima y una piel crujiente y suflada para no parar de roer, lo acompañan con un puré de papas y maní.

Molleja

Ojo porque las raciones en Panchita son inmensas y vienen en su mayoría acompañadas por buena cantidad de…

 

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Cerdo Agridulce

Cerdo Agridulce, la receta perfecta.

Descubrí el Cerdo Agridulce en mi viaje a Singapur. Lo que había probado antes no se parecía absolutamente en nada a lo que me dieron allí cuando una amiga cantonesa me llevó a un restaurante de su región y me exclamó que tenía que probar sí o sí ese plato. Cuál sería la cara de asombro que puse que automáticamente me preguntó si no me gustaba el cerdo, ¡a mí! Que veo un cochino y empiezo a salivar como Homer cuando se imaginaba esos donuts llenos de glaseados de colores – sí, yo también crecí con Los Simpsons en la televisión a la hora de la comida, por mucho que dijese mi madre que eso era para mayores.

“Descubrí el cerdo agridulce en Singapur y no, no es lo que nos da los chinos en España. Es una receta deliciosa que si la haces en casa muchos alucinarán con ella”

Aquellas bolitas cubiertas de una salsa rosada gelatinosa crujían, explotaban al meterlas en la boca, sin rastro de grasa ni de ningún topo de pasta densa y amalgamada que las rebozase sino una ligera capa crocante adictiva que se mezclaba con el punto agridulce que bañaba también a unas verduras al dente.Cerdo Agridulce

Como veréis en la foto de este cerdo agridulce, la salsa no es tan radiactivamente rosa sino que es más marronácea, culpa de hacerla 100% casera y con un sabor decididamente más rico y adictivo. Y sí queridos, la salsa agridulce es el secreto para que esta receta triunfe así que esmeraros con ella, marcará la diferencia. Realmente no se tarda nada en prepararlo pero eso sí,  es un salteado que se tiene que hacer – como se dice en jerga cocinera – a la minute para que ese crocante del que antes hablaba no se pierda. Lo que sí que podréis tener preparado con antelación es la salsa, las verduras cortadas y el cerdo pasado por el rebozo, sin freír. Luego sólo tocará el golpe de frito y el salteado final para conseguir un cerdo agridulce de altura.

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Petit Choux Miss Chou

Petit Choux de Frutos del Bosque

¡Oh, La, La….La France! Bueno, La France y su Pastelería magnífica y maravillosa de la que hemos ido aprendiendo y absorbiendo recetas tan absolutamente fantásticas como sus petit choux. ¿Petit…qué? Sí, petit choux, o lo que en jerga castellana detectamos cuando nos comemos un buñuelo o un profiterol, justo esa misma masa aireada, etérea, con un punto dulce, adictiva para no parar de comer incluso sin rellenar justo después de sacarla del horno. Pero la gracia es que normalmente estas bolitas doradas vienen rellenas de diferentes cremas que es lo que le da carácter al petit chou, habiéndolos tradicionalmente de crema, nata o chocolate; aunque lo que vamos a descubrir hoy es una puerta fantástica  que nos descubre un mundo imaginario lleno de un montón de sabores para conquistar a todo tipo de paladares.

Petit Choux Miss Chou

Todo esto os lo cuento porque hace unos días tuve el privilegio de visitar el obrador de Miss Chou (Calle Villalar 6, Madrid), una diminuta pastelería dedicada en cuerpo y alma a estos pastelitos, donde me enseñaron todo el proceso artesanal desde la elaboración de la masa – sí, fui pecadora y recién salidos del horno no pude contenerme y me comí unos cuantos vacíos y todo – hasta el relleno, el crujiente que los cubre y las decoraciones. ¡Fue toda una experiencia!

En Miss Chou preparan Petit Choux de una infinidad de sabores, ahora también unos de Frutos del Bosque y Madroño ideales para San Isidro

Probé in situ el de Caramel Saleè, el de pistacho, el de chocolate y el recién llegado para la temporada de fiestas en Madrid, el de Frutos Rojos con Licor de Madroño, pensado especialmente para San Isidro porque claro, lo bueno de estos bollitos es la versatilidad que tienen, se pueden hacer de todo. De hecho me soplaron que quieren empezar a hacerlos salados, ¿no serían ideales como aperitivo para cualquiera de vuestras fiestas o celebraciones? Y como postre también, claro, porque además los personalizan al gusto del cliente.

Petit Choux Deliveroo

Vamos, que salí encantada, fue toda una sorpresa de lo más agradable porque todos estaban bue-ní-si-mos así que nada más llegar a casa se lo dije a mi madre y se puso muy pero que muy envidiosa. Lo primero que exclamó fue: “¡¡¿Y no me has traído ninguno??!!”, así que me quedé en blanco, me empezaron a entrar sudores fríos, fuera jarreaba que daba gusto y no iba a volver a coger la moto a por una cajita así que tuve que improvisar. ¿Y cómo salí del paso? Pues la primera opción fue pedir la receta para hacerlos yo misma pero acto seguido caí, ¡que me los traigan a casa! ¿Cómo no se me había ocurrido? Ordenador encendido, la página de Deliveroo bien abierta y problema solucionado como una princesa; en 30 minutos tenía una cajita preciosa para que a mi madre se le quitase el antojo y sin moverme del sillón.

Miss choux

Mientras venían me puse manos a la obra con la receta, para probar yo misma, y no he podido estar más feliz, por eso la comparto con vosotros para que podáis hacerlos en casa sin problema. Aunque os voy a ser sincera, nada más cómodo que me lo traigan cuando a mí me apetece sin tener que mover un dedo así que os animo a probar estos pastelitos y si os animáis a pedirlos a casa en Deliveroo os ahorraréis 8 euretes en vuestro primer pedido sólo pronunciando las palabras mágicas INVITACLARAMás mimos no puedo haceros, ¿eh?

Sed felices  y dejad que os cuiden, bonitos, que la vida es corta.

PARA VER LA RECETA DE LOS PETIT CHOUX, PINCHA AQUÍ.

okonomiyaki

Okonomiyaki, la tortilla japonesa

Para seguir con esta línea japonesa que llevamos estas dos últimas semanas (hablamos de los dorayakis – los dulces de Doraemon – y de Maido, el mejor restaurante nikkei que conozco) vamos a dar un paso más allá para hablar de la famosa y deliciosa tortilla japonesa, el Okonomiyaki. Últimamente en Madrid han aparecido varios sitios donde la elaboran y que realmente merece la pena ir a probar, pero…

¿Qué es el okonomiyaki?

Su perfecta traducción al español sería “cocinado a la plancha al gusto del cliente” por lo que partiendo de la misma base de harina, huevo, agua y con su salsa okonomiyaki además de la mayonesa japonesa se en Japón se van construyendo tortillas según lo que al comensal le apetezca: verduras, carnes, mariscos, pescado, katsobushi, algas… En su país de origen es un plato que se prepara tanto en casa como en los restaurantes específicos donde en las grandes planchas cara al público los maestros de las espátulas preparan estas tortillas delante todos aquellos que vayan a degustarlas. Generalmente se asocian a las regiones donde son más famosos, Kansai (con base de verduras) e Hiroshima (con base de fideos) aunque son muy populares en la zona de Osaka. El resultado es gustoso, lleno de sabor, ha de tener una textura jugosa y el umami explotará en la boca gracias a la conjunción de todos sus ingredientes; yo siempre lo he asociado a la “comida marrana” japonesa, entendiendo por ello ese plato subido de calorías que de vez en cuando nos apetece comer porque nos fascina (lo que para nosotros puede ser una hamburguesa, más o menos).

Okonomiyaki Oribu

El Okonomiyaki de Oribú Gastrobar

Y como hay tantos okonomiyakis como gustos, el que me fascinó hace bien poquito fue el que probé en Oribú Gastrobar que terminan con un cangrejo de concha blanda en tempura, toda una delicia. Este cangrejo que se suele comprar congelado se captura justo en el momento preciso del cambio de piel para que esté tremendamente tierno para que luego, al freirlo, podamos comerlo entero. En Oribú rellenan unos baos también con él y es que en su carta, fusión japonés-mediterránea, no paran de hacer guiños al país nipón.

Además de la Receta de Oribú, he hecho una Lista de los mejores Okonomiyaki de Madrid asi que si pincháis AQUÍ podréis verlos enteros.

En cambio, si lo que queréis conocer es la receta de okonomiyaki de Oribú gastrobar, sólo tendréis que PINCHAR AQUÍ y hacerlo en casa. ¡Una auténtica delicia!

maido lapas

Maido, la cuna de la cocina nikkei.

Muchas eran las fotos y los comentarios que cruzaban el Atlántico gracias a las redes sociales encumbrando la experiencia que el comensal vive cuando visita Maido y es a bien confirmar que durante mi semana en Lima tuve una gran comida en la barra de esta referencia de cocina nikkei que lleva detrás el nombre de Mitsuharu Tsumura. Sin duda alguna, la experiencia Maido se ha convertido para mi en la enciclopedia de lo que canónicamente tiene que ser conocida como esa fusión japo-peruana que tanto se ha extendido gracias a la globalización.

equipo - maido

“En Maido hubo muchas cosas que me gustaron, más bien me gustaron todas, pero muchas sobresalieron”

“Micha” maneja ingredientes de primerísima calidad ostentando un menú  nikkei-amazónico además de una extensa carta en la que se pueden encontrar desde nigiris hasta okonomiyakis o anticuchos y su cocina permanece sutil, con giros de sabor bien pensados, cocciones impecables cuando tiene que haberlas y un gran cuidado de cada detalle. Dejarse caer por su barra y abandonarse al placer de que te den de comer puede ser una de las mejores opciones para cuando uno se encuentra en Perú sin duda alguna. Allí, César Choy – el segundo de abordo de Tsumura – y todo el equipo se encargarán de comenzar el ágape con un buen cóctel para que luego la consecución de bocados no resulte en ningún momento monótona e incentive el interés del que la está catando.

usuzukuri maido

“Maido” en japonés significa “bienvenido” y es lo primero que se escucha nada más entrar a su sala, como si ya te estuviesen alertando de que algo bueno va a comenzar. Hubo muchas cosas que me gustaron – o mejor, todo me gustó, pero hubo muchas cosas que sobresalieron – y siendo una de mis primeras comidas en Lima se puso claramente el listón muy pero que muy alto.

Chorizo - Maido

Ya desde el aperitivo, con su ensalada de atún, quinoa y salsa de cilantro, comienzan a entreverse todos los contrapuntos con los que se jugará a lo largo del menú. La tosta de chorizo artesano, galleta de arroz, emulsión de tomate y ponzu acompaña a la sobresaliente  piel de pollo con salsa pachikay de jengibre y sésamo – para comérsela a cucharadas – igual que el usuzukuri de chita con tomate, ponzu de rocoto, cebollino y chips de ajo frito donde el punto picante del ponzu resalta un este gran pescado perfectamente laminado.

nigiri maido

Me fascinó el ceviche de lapas con polvo helado de aji amarillo, maíz y aguacate por la frescura que desprende y el ligero ácido/picante muy bien trabajado que despierta las papilas preparándolas para el resto de los platos que llegarán después, para no dejar de comérselo a cucharadas.

Correcto el arroz de los nigiris, en su punto y lo justamente amalgamado que pude ver en el trío marino que caté: ventresca de salmón con emulsión de ají, lenguado con alga nori y wasabi-tobiko y atún con yema inyectada en ponzu y quinoa crujiente; pero también en el trio carnívoro, una serie de sushi que no suele gustarme normalmente pero donde el nigiri de foie con salsa de anguila he de reconocer que me encandiló.  Bien el de….

 

Para leer todo la crónica sobre Maido, PINCHA AQUÍ.
Comer en Barcelona - Suculent

Comer en Barcelona (bueno y rico)

Comer en Barcelona (bueno y rico, obvio) es relativamente fácil ya que es una ciudad llena de gastronomía, igual que Madrid pero con sus toques diferentes. En diciembre tuve la suerte de pasar allí una semana ya que aproveché una reserva que tenía en El Celler de Can Roca para probar unos cuantos sitios más por la zona. Los he resumido en dos artículos publicados en El Diario Montañés y aquí os dejo todas las pautas para que no os perdáis ni uno solo, todos ellos merecen mucho la pena.

Comer en Barcelona (parte I)

“No he tenido ocasión desde mi visita a la Ciudad Condal en diciembre, de hacer un breve resumen sobre los cinco intensos días que trascurrí por las calles catalanas disfrutando de su gastronomía. Ya les hablé del motivo por el que peregriné hasta allí (una reserva que atesoraba desde hacía once meses en el galardonado como “el mejor restaurante del mundo” – El Celler de Can Roca) pero no quiero dejar pasar más tiempo sin pronunciarme sobre los otros lugares que pude conocer y, sobretodo, disfrutar.

Comer en Barcelona - Suculent

Para Comer en Barcelona, mención especial se merece Suculent, esa pequeña “taberna” del Raval en la que Toni Romero lleva ya tiempo brillando con luz propia. En mi segunda visita, apostada en la barra de su diminuto local, tendrán apenas 8 mesas más un reservado al fondo, pude disfrutar de una cocina redonda, de combinaciones interesantes, técnica ejemplar y, sobretodo, auténticamente placentera. Manejan una carta bastante extensa además de dos menús degustación que aconsejo con los ojos cerrados para dejarse llevar por la experiencia y el buen hacer de Toni; yo pude catar platos que guardo en el recuerdo como el tartar de bogavante sobre piel de pollo al que le sigue la sopa thai de corales de bogavante, los guisantes con papada y butifarra negra, el steak tartar sobre tuétano asado (¡mon dieu!) o la cresta de gallo con hoisin. Como les digo, visita obligatoria, sí o sí.

Comer en Barcelona (I)

Pero si están por allí también les recomendaría probar la Bodega 1900, el formato más informal donde los Adriá le dan vida a una tapa fresca y puesta al día con platos ya clásicos como su bocadillo de calamares, la caballa ahumada o los puerros con vinagreta de ceniza. El lugar no es cómodo, las mesas diminutas y el precio no resulta barato pero la experiencia de vivir el concepto lo merecen; para la próxima me quedó pendiente conocer a su hermano mayor, Tickets, pero las reservas aquí cotizan al alza.

Siguiendo en la misma línea, uno de los más sonados últimamente es el Mont Bar, el restaurante cuya cocinera ha logrado alzarse con la segunda posición en el concurso de cocinero revelación 2016 celebrado en Madrid Fusión y cuyo tartar de atún sobre berenjena ahumada bien merece la visita. Es curioso que los tres locales de los que les estoy hablando responden a una estética similar: pequeños, informales, con barra y muy orientados al tapeo aunque escondan preparaciones elaboradas y gran calidad en su producto.

Comer en Barcelona - Mont Bar

Aunque no es todo alta cocina en Barcelona y por ello les soplaré dos de mis rincones favoritos cuando lo asiático apetece: el primero es Ramen Ya Hiro, donde he podido degustar la mejor sopa japonesa jamás probada igual que su chashu don, un arroz con panceta de cerdo en salsa que está para quitar el sentido; eso sí, las colas para acceder son eternas así que les recomiendo que lleguen pronto. Y si es chino lo que desean probar sin dejarse los cuartos, no hay más auténtico que el que se encuentra haciendo esquina entre las calles Alibei y Roger de Flor, mesas grandes, todos los platos al centro y mucho disfrute del guarrete cuando sus empanadillas a la plancha o sus berenjenas con carne arriban a la mesa. Que lo disfruten.”

Comer en Barcelona (Parte II)

Comer en Barcelona

“Empezaba la semana pasada una suerte de “listado” de mis últimas visitas gastronómicas por Barcelona y aunque todos los que mencionaba entonces son lugares más que imprescindibles me quedaban otros tantos cuya peregrinación es altamente recomendable por uno u otro motivo si se quiere Comer en Barcelona.

Observo tanto en Madrid como en la Ciudad Condal un florecimiento masivo de nuevos espacios culinarios, se nota que hay nueva salvia y energía brotando o que ya estamos menos asustados de esa palabra que nos tuvo recogidos en la guarida durante años, la crisis. En realidad no tengo nada claro que la hayamos superado, en absoluto, pero lo que vivimos quizás es fruto de haber asumido un estado desde el cual ya sólo se puede ir a mejor.

Cavilaciones aparte, lo que está claro es que el 2016 ha llegado cargado de nuevos propósitos y firmes tendencias y donde antes primaba la fusión, las nuevas técnicas y los platos minúsculos con un sinfín de ingredientes ahora es vencedora una vuelta a la tradición y a los sabores del recuerdo de toda la vida.

Buen ejemplo de ello es sin duda Granja Elena, un diminuto bar/cafetería casi a las afueras de Barcelona cuyos protagonistas son sus esmorzars de forquilla, unos desayunos contundentes donde se podrán degustar sus deliciosos callos, la melosísima cap i pota, los canelones de rabo de toro o preparaciones más novedosas como el tartar de tomate con sashimi de vieira. Además cuentan con una amplia selección de bocadillos y abren a medio día con una carta en la que la cocina catalana tradicional se mezcla con recetas innovadoras pero sin “mamonadas” como bien proclama su cocinero, Borja Sierra, en las redes sociales. El local se abarrota así que no duden en reservar, ir bien pronto o asumir una espera más que merecida.

Para comer en Barcelona de corte clásico es también recomendable la nueva brasserie que Jordi Vilà (Alkimia) ha abierto en los bajos de la Fábrica Moritz bajo el nombre de Louis 1856 y donde pretende recuperar una serie de recetas casi olvidadas durante los últimos años. El servicio en la sala cobra protagonismo cuando los platos llegan a la mesa, donde el comensal puede observar tanto cómo se finalizan ciertas preparaciones como la forma de emplatar para repartir a los comensales. Sus sabores son puros y gusta recobrar las galantinas (la de pollo con salsa de setas) o los guisos que llegan en abundantes raciones como el cabrito, perfectamente cocinado y agradablemente acompañado por unos raviolis de queso; no se pierdan el nabo relleno con tuétano y una salsa para no dejar de mojar pan. El postre estrella, sin duda, es la omelette surprise que se flambea directamente en la mesa convirtiéndolo en todo un espectáculo.

Comer en Barcelona

Y si quieren algo de corte más informal, casi para hacer un take away no estaría mal hacer una visita a los chicos de The Fish & Chips Shop que han recuperado la tradición inglesa perfectamente elaborada en un diminuto lugar de Rocafort. Su pescado es fresquísimo y jugoso, con un rebozado perfecto y nada grasiento y salsas típicas para esta preparación. Además tienen algún que otro piqueo mientras se espera al tan ansiado cucurucho de fritos del mar.”